domingo, 29 de marzo de 2009

Hacia una interpretación Lihn-güística de La realidad no es verbal

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Lihn y el descreimiento de la realidad verbal

En el poema “La realidad no es verbal” publicado en el libro “Al bello aparecer de este lucero” , desde el título de la pieza, Enrique Lihn nos plantea el dilema de la incomunicación, la trampa que el lenguaje constituye para el ser y lo agotador de este mecanismo abismal. Hablar cansa (…)(cansa el cansancio de decir esto mismo)

La redundancia en este fragmento transcrito expone gráficamente la inutilidad y spleen que el poeta siente hacia su propia labor y hacia el proceso lingüístico y comunicativo en general. El comprender todo por medio de la palabra, el tener que definir y asir sus sentimientos de abulia bajo el término abulia, implica subsumir su realidad interna y los efectos con el medio a algo tan reduccionista como un concepto, una acepción.

La hiperconsciencia que le permite reconocerse precario presa de un juego infinito, lo sume en un derrotero asumido como: Las víctimas de una falsa ciencia / los practicantes de una superstición

El poeta remata la idea, dirigiendo su arpón de obseso Ahab a la gran ballena fantasmal – la ciencia del lenguaje – el verbo, los adjetivos, adverbios y complementos (siempre se habla de nada) arguye el autor para concluir siguiendo la idea de la semiótica como una teoría de la mentira

el verbo ir y como complemento
un lugar que no hay — aunque se diga — (…)
— lo dice la gramática — la dirección del movimiento
reducido, también, a un simulacro.


En otras palabras, este texto, paradigmático de la poética del descreimiento y la desmitificación de Lihn, nos remite a los escépticos clásicos a Gorgias (Oriundo de Leontini (Sicilia), se estableció en Atenas hacia el año 427) y sus postulados expresados con toda firmeza en su escrito Sobre el no ser o De la Naturaleza, en sus tres célebres principios:

«Nada existe.»
«Si algo existiera, no lo podríamos conocer.»
«Y, si lo pudiésemos conocer, no lo podríamos comunicar.»

Por ello, sometido el problema a una retórica de la reducción del lenguaje podemos, poner como ejemplo simple, el árbol, la realidad que conocemos y llamamos árbol, no es tal. Arbitrariamente la hemos nominado así con morfemas y fonemas, reduciendo lo concreto a un mero consenso y categorías relacionales, campos semánticos y aires e familia que se oponen o complementan.

La utilidad del decir, es por tanto una urgencia fenomenológicas que como especie hemos propiciado para captarnos y captar al otro desde lo racional lingüístico, topándonos con una maquinaria de acuerdos que es anterior a nuestra consciencia, se origine esta como parte del delirio de masas, la automatización del saber, la transmisión genética o la imposición de una realidad en términos de Kristeva y Lacan, simbólica. Normalización que mutila el contenido semiótico privilegiando un continente seguro y específico que nos permite como instrumento condicionar y aprehender la existencia y sus posibilidades tornándolas certezas.

De las palabras se retira el ser
como de la crecida inminente del río
los animales que, realmente, lo saben
a diferencia de los orilleros humanos


Estos versos del texto, exponen la urgencia de nuestra lógica, humana muy humana que procura ordenar, escindir y objetivar todo cuanto nos rodea y sorprende, compone, afecta y desconcierta, sometiendo el caos de lo tangible y con mayor razón lo abstraído y sensorial con discursos, conceptos, normas y mitos virtuales.

“ficciones y textos que uniforman al sujeto”

El siguiente verso, complementa la idea del lenguaje como río y ahogamiento

como el famoso camarón nos dormimos
virtualmente ahogados en la nada torrencial
Incapaces, incluso, de saber qué corriente
y hacia dónde nos lleva


Esto podemos verlo a los ojos de uno de los grandes descreídos y nihilistas del pensamiento occidental, filósofo de aforismos abierto a la heterogeneidad y derrumbe de ideas fuertes y gregarias. Nietzsche en de Aurora plantea:

LAS PALABRAS NOS OBSTACULIZAN EL CAMINO. Siempre que los hombres de las primeras épocas introducían una palabra creían haber realizado un descubrimiento, haber resuelto un problema. ¡Qué error el suyo! Lo que habían hecho era plantear un problema y levantar un obstáculo que dificultaba su solución. Ahora, para llegar al conocimiento, hay que ir tropezando con palabras que se han hecho duras y eternas como piedras, hasta el punto de que es más difícil que nos rompamos una pierna al tropezar con ellas que romper una palabra.

Al final la preocupación y desasosiego esencial del poema “La realidad no es verbal” confronta la crisis de la razón, de la mecanización y automatización de las ideas a través de los códigos lingüísticos y sus teorías y desde luego lo con ellos se compone, los grandes discursos de occidente en nuestro caso la filosofía, religión, ciencias y política, que dejan al sujeto en quiebre, fragmentado y conquistable. Una subjetividad hundida en el torrente léxico y sintáctico direccionable ante el poder, ante la verdad, si cabe hablar de ella.

Lihn plantea el problema más antiguo y señala desde un pensamiento postmoderno como decadencia o modernismo tardío lo siguiente: esta corriente / hacia dónde nos lleva / si todavía cabe pensar en un sujeto

En cuanto al remate del texto Tú y yo hablamos del amor. Abierto y anticlimático, este nos presenta otra de las esencias de la poética Lihniana, el amor o más bien el desamor; estableciendo un potente vaso comunicante con la crisis del hombre para lograr una real comunión entre sujetos. Entrometido el lenguaje si entendemos el amor de forma consciente e inconsciente como un concepto, como una realidad creada en el mero decir, todos los barcos están quemados posicionando al hablante en una soledad ontológica y hermetismo de desesperación en que el verbo hablar Tú y yo hablamos del amor. Remite a todo lo expuesto, el spleen, el escepticismo, el derrotero e incapacidad de una realidad simbólica en que un beso gramaticalmente entendido como beso. (Del lat. basĭum, voz de or. celta).

1. m. Acción y efecto de besar.
2. m. Ademán simbólico de besar.

O una caricia definida fuera del gesto, de las posibilidades semióticas ambiguas e inciertas de una sensibilidad no coaccionada perfila el amor como una suma taxonómica de la RAE: limpia, fija y da esplendor

La realidad no es verbal

Hablar cansa: es indecible lo que es
Como se sabe: la realidad no es verbal
(cansa el cansancio de decir esto mismo)
De las palabras se retira el ser
como de la crecida inminente del río
los animales que, realmente, lo saben
a diferencia de los orilleros humanos
Somos las víctimas de una falsa ciencia
los practicantes de una superstición:
la palabra: este río a cuya orilla
como el famoso camarón nos dormimos
virtualmente ahogados en la nada torrencial
Incapaces, incluso, de saber qué corriente
y hacia dónde nos lleva
si todavía cabe pensar en un sujeto
el verbo ir y como complemento
un lugar que no hay — aunque se diga —
en el adverbio donde y el hacia qué denota
en el hablar de nada (siempre se habla de nada)
— lo dice la gramática — la dirección del movimiento
reducido, también, a un simulacro.
Tú y yo hablamos del amor.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Poeta Enrique Lihn


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