domingo, 17 de mayo de 2009

Algunas circunstancias y comentarios sobre Gerardo de Pompier



Algunas circunstancias y comentarios sobre Gerardo de Pompier

Por Francisca Lange

Revista Grifo N°3, Diciembre 2003/Enero 2004


El nacimiento de Gerardo de Pompier es circunstancial y anecdótico. Hijo de los cacofónicos Germán Marín y Enrique Lihn(1), aparece en la revista Cormorán editada por ambos entre los años 1969 y 1971, bajo el sello de la Editorial Universitaria. En un principio su presencia se remitió a ocupar uno de los tantos 'monitos' con que ambos autores rellenaban los espacios vacíos de la publicación, luego, el caricaturesco señor de sombrero, levita y puntiagudos bigotes firmará unos cuantos artículos de la revista. De esta manera, Monsieur Pompier comenzó a adquirir características propias y sus columnas incluso crean polémica entre los lectores del medio, quienes -salvo el poeta Juan Luis Martínez- no llegarán a darse cuenta de la condición de apócrifo del personaje. Las columnas de Pompier tenían para sus creadores un sentido estrictamente paródico, en directa relación con el contexto cultural y social que imperaba en Chile a principios de la década de los 70. Al respecto señala el mismo Lihn:

(Pompier) Era una especie de personaje resumidero en ese momento. A través de él nos criticábamos nosotros mismos. Era una especie de hiperescritor fallido, era la irrealidad de la literatura, la prosopoeya de los discursos oficiales, la Bohéme de Puccini, el caballero que venía del modernismo decimonónico con todo lo que eso implica: lo obsoleto que se mantiene dominante y vigente. Además nos servía para lanzarnos cuchufletas unos a otros(2).

Con el tiempo, el articulista se convertirá en un personaje de tomo y lomo: de pasado curioso, don Gerardo nace en Santiago de Chile a comienzos del siglo XX, estudia las más ancestrales y rebuscadas disciplinas (dignas de una visita de punta a cabo por el Louvre) y, según la enciclopedia, es un escritor prolífico y experimentador en las más disímiles modalidades literarias, cuya obra cumbre parece coincidir con parte del título y un capítulo completo de la obra de A.P. Duflot, según las denuncias realizadas por Martínez en dicha época.

A través de estas primeras incursiones en la prensa, Pompier se perfiló como el artilugio alegórico de múltiples situaciones culturales y políticas, cayendo en sus fauces todo tipo de discursos. El personaje caracterizó entonces al intelectual latinoamericano del fin de siécle, fiel reflejo del sudaca trasplantado, cuyo nombre tan kitsch no es más que la unión de una serie de eufemismos que delatan su origen. Pompier será entonces la figura del meteco, que, parafraseando al mismo Lihn, encarnaba todas las enfermedades de un lenguaje prestado y plagado de mecanismos internos donde el poder de la palabra logocéntrica se hace presente, es decir, los conceptos de Verdad y Autor son puestos en duda por medio de las palabras dichas por y sobre el personaje(3).

Pompier vuelve a aparecer en las novelas La orquesta de Cristal (1975) y El arte de la palabra (1980). Escritos bastante crípticos y teóricos, en ambos el personaje cumple un rol central dentro de lo representado, a través de un par de fábulas que solo adquieren sentido en los parámetros de la irrealidad. Largo podríamos hablar sobre las novelas (absolutamente fomes e inleíbles según más de algún académico) y su peculiar atractivodado por un sentido del humor tanintelectual como coloquial y una escritura tan rigurosa como bombástica. Pero como éste no es el tiempo ni el lugar, solo recordaremos que en la una y la otra se despliega un entramado paródico que permite a su autor, por una parte, hablar en un país donde predomina la censura y la represión y por otra, volver sobre su cuestionamiento al lenguaje de la literatura hispanoamericana dominado por modelos institucionales hegemónicos.

Fiel a su concepto de poesía situada, el autor experimenta con recursos que exceden a la sola palabra para lograr delinear poéticamente su propuesta, que es tan clara desde Escrito en Cuba (1969): hablar de la realidad sin ser burdamente realista, ser político sin ser panfletario, ser tan literario, crítico y teórico sin que los textos sean indecifrables, en buenas cuentas, producir los llamados efectos de realidad a través de todos los recursos posibles del habla.

Pudiese parecer que cuando nos referimos a todas estas cosas, ellas resultan muy lejanas al ejercicio poético con el que parte del público suele a identificar a Lihn - el de poemas tan famosos como "La pieza oscura" o "Porqué escribí"-. Sin embargo, esos recursos de los que hablamos, y que pueden abrumarnos por su aparente dispersidad, funcionan como piezas de un cubo rubick. El interés del autor por el más amplio espectro de formas (poesía, novela, comedia, happening, cómic, crítica literaria y de arte) de recursos y metros (sonetos, poema largo, narrativo, endecasílabo, monólogo dramático, declamación, etc.) adquieren sentido en su búsqueda por este tipo de literatura. Digamos que el coqueteo entre géneros fascinaba a Lihn, por lo cual ni sus textos más líricos, ni sus experimentales novelas (iniciadas por una casi inencontrable Batman en Chile), ni el inédito sobre la muerte de Pompier y ni siquiera ese extraño y doloroso cómic pre mortuorio Roma la loba son tan, tan distintos.

Pero volvamos a nuestro personaje. Sin duda el momento más popular de Pompier es cuando se pone en escena el happening Lihn Et Pompier. Realizado por primera vez en el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura el 28 de diciembre de 1977 (día de los inocentes(4), el acto dará origen al denominado 'book - action' del mismo nombre: un cuaderno de ribeteados bordes, que guarda la misma estética de Cormorán y que muestra paso a paso cómo una lectura poética de Lihn se transforma en el púlpito de Pompier y su discurso: el escritor se maquilla frente al público y poco a poco el escenario toma forma para recibir al Autor Desconocido, como lo señalan las crónicas de la época (de las que se encargaron Filebo, Lafourcade y Luisa Ulibarri, entre otros). Sobre su recepción podemos decir que, si bien es cierto que el discurso mismo de don Gerardo se articula sobre todas las posibilidades retóricas del retoricismo, no es menor que el autor haya escogido el happening como vía de representación: un modelo masivo que cuestiona las formas tradicionales, carece de la organización aristotélica del drama clásico y recoge el gesto de Duchamp, en tanto su esfuerzo corresponde a la provocación, desconcertar al público e integrarlo en la representación. La gracia del happening en cuestión(5) comienza con el humor negro, propio de este tipo de expresión, que le imprimen Lihn y sus compañeros de empresa. Mediante el gesto escénico de transformarse en otro, el autor introduce las problematizaciones que le obsesionan, la del Sujeto y del Autor. Esto se acompaña del texto leído, dando cabida también al gesto irónico (presente en sus novelas y poemas) que burla los sistemas de censura del Régimen Militar.

Tanto el happening como el libro cumplen con cierta función social de provocación en un público medianamente no entendido, la que no lograron despertar las memorables acciones de arte en la época -de las que nuestro autor era más que cercano- debido a sus intrincados lenguajes. Lihn busca los medios masivos, utiliza la fotografía, el video y el teatro, compone personajes que se esparcen por otros textos como París situación irregular y El Paseo Ahumada. Es en este último donde logra la unión de ambas propuestas y se acerca a un discurso público, político, poético y cultural que no nos deja duda sobre el efecto de realidad de sus palabras y circunstancias.

Finalmente Pompier muere y su muerte será narrada por uno de sus creadores, aquel que se apoderó de su cara, rasuró el bigote y que para muchos fue su alter ego. Yo diría que fue un poco más que eso, pero en fin, eso ya es materia del cotilleo, lánguidas tesis y discusiones de café entre entendidos. Por ahora el señor Lihn tiene la palabra.

Notas

(1) Recojo el adjetivo de los mismos autores

(2) Marras, Sergio: "Enrique Lihn en el espacio de lo imaginario", en Revista Bravo, Santiago de Chile. 44, 7.

(3) Se ha de decir también que ya ha mediados de los años setenta una de las lecturas de cabecera de Enrique Lihn eran los post estructuralistas franceses, en especial Barthes, Derrida y Kristeva.

(4) Posteriormente se representará en el Teatro La Comedia.

(5) Existe otro grabado en video: Adiós a Tarzán.


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