miércoles, 13 de mayo de 2009

Escribir sobre el último diario de Enrique Lihn

Escribir sobre el último diario de Enrique Lihn
Autor: Juan Zapata.

En realidad, yo esperaba encontrarme con una persona moribunda en una cama; pero era el mismo Lihn de siempre: de negro, digno y de pie.

1.- Memoria:


Cerca de los diecisiete años de la muerte de Enrique Lihn (en julio de 1988), escribo y recuerdo las últimas conversaciones con él, las que estuvieron relacionadas con mi viaje y estadía durante cinco años, como estudiante de doctorado, en la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook, Long Island, a una hora, más o menos, de Manhattan. Viaje y estadía que, por lo demás, estuvieron patrocinados por él y producto de su amistad con Pedro Lastra, profesor en esos años de ésa universidad. A fines de agosto de 1987, tomé el avión hacia Nueva York y el último trámite que realicé en Santiago fue visitarlo en su departamento de la calle Passy, en el límite de Providencia y Nuñoa, y donde en varias ocasiones habíamos conversado, pues me había ofrecido quedarme en su casa cada vez que fuera a Santiago desde Concepción. Ese día, era una tarde de sol y me dijo que en Stony Brook “estaban esperando a un chileno que hiciera las cosas bien” y que el lugar me iba a gustar; también, me sugirió que me hiciera de amigos lo antes posible, que no lo dejara para después. Ahora recuerdo que, en el primer invierno de allá, enero o febrero de 1988, desde una casa rodeada de nieve, en Port Jefferson, le escribí contándole mis primeras impresiones de lo que que, hasta ese momento, había conocido de Estados Unidos y de la Universidad de Stony Brook; principalmente, de su biblioteca, en la que, finalmente había podido leer su novela Batman en Chile. Además, le pedía que me enviara un ejemplar de La aparición de la Virgen, que recién había publicado, lo cual hizo a través de Pedro Lastra; pero que, por intervención o interferencia de otro chileno, nunca llegó a mis manos. En esos mismos meses, Pedro Lastra me dijo que Lihn estaba teniendo algunos problemas de salud. Llegó la primavera a Long Island y, con ella, la posibilidad de volver por algunas semanas a Concepción. Al llegar a Santiago, lo primero que hice fue llamarlo y preguntarle por su salud. Me dijo que la situación era complicada y que, en ese preciso momento, estaba siendo acompañado y trasladado por unos amigos a Viña del Mar; pero, si yo iba a Santiago, lo llamara para reunirnos a conversar. Así, en el mes de junio de ese año, lo visité en su departamento de la calle Passy; pero, ahora, algo había cambiado: un aviso junto al citófono del edificio, dirigido a sus amigos, les informaba de su estado de salud. De todas manera, toqué el timbre y él se asomó en una ventana del tercer piso y me lanzó unas llaves para que entrara. En realidad, yo esperaba encontrarme con una persona moribunda en una cama; pero era el mismo Lihn de siempre: de negro, digno y de pie. Como lo consigna en su último diario, ahora la casa estaba ordenada y una mujer sirvió el almuerzo: comida china. Conversamos de cualquier cosa, menos de su enfermedad, y tuve que pedirle otro ejemplar de La aparición de la Virgen; le pedí me escribiera algo, como siempre lo hacía con los libros que me daba. Este ejemplar también desapareció y de él sólo recuerdo la dedicatoria: “Para Juan Zapata y que todo siga bien”.
Nos despedimos sin dramatismo.
De regreso a Stony Brook, ya no vivía en la casa de Port Jefferson, sino en Stony Brook Village. Allí, una mañana, recibí una llamada telefónica de Jaime Giordano para que fuera a su departamento en Manhattan. Me trasladé hasta allá y durante una mañana estuvimos recorriendo la ciudad, visitando museos y galerías; así, en una exposición de trabajos plásticos desconstructivistas, me dijo que Enrique Lihn había muerto.

2.- Reseña: (1)

Enrique Lihn.Diario de muerte. Textos reunidos y transcritos por Pedro
Lastra y Adriana Valdés. Santiago de Chile, Editorial Universitaria,
1989. En múltiples ocasiones Enrique Lihn reflexionó en torno al sentido de la poesía y de la relación de ésta con la vida. En el ensayo “Enrique Lihn: Dossier Literatura” (Revista Cal. Santiago, Chile, No.3, 1979, p. 18) es donde, quizás, más claramente expone sus ideas al respecto. Allí señala el carácter complementario que tienen entre sí ambos espacios: poesía y vida, escritura y realidad, que se traduce en la imposibilidad de suplantarse mutuamente, debido a que su existencia se basa en la alteridad, a su diferencia mutua: esto lo lleva a puntualizar que: “Los muertos no escriben. Escribieron” y a agregar, citando a Nietzsche: “Allí donde termina el reino de la palabra, -el pasado llegaba hasta suponerlo- acaba también el de la existencia”.
Estas observaciones, en una lectura superficial, suponen verdades obvias; pero, en realidad, implican un profundo problema teórico y filosófico, y sintetizan el sentido de la escritura y edición póstuma de su libro Diario de muerte. Los cincuenta y cuatro textos que lo componen fueron reunidos y transcritos por Pedro Lastra y Adriana Valdés, y publicados en una cuidada edición, la que, en diversos sentidos, hace referencia a la experiencia límite de escritura que es este libro. Su título invierte una forma básica y subjetiva de expresión literaria: “Diario de vida”; la portada es el cuadro “La isla de los muertos” de Arnold Bocklin; hay espacios en blanco en algunos poemas, y ellos tienen un carácter fragmentario, otros son de una extrema brevedad; la edición del libro por sus amigos habla también de una ausencia. Se incluyen, además, facsímiles de los manuscritos de los poemas “Buenas noches, Aquiles”, “La ciudad del yo” y “La mano artificial”; dos reproducciones de cuadros de Andrea Mantenga y Max Klinger ilustran a los poemas “Contra los pensamientos negros” y “Qué otra cosa se puede decir...”, respectivamente.
En una “Nota Preliminar” y en una “Nota Explicativa”, los editores entregan datos que guían al lector para la comprensión de los textos. La “Nota Preliminar” informa de la propia percepción que Lihn póstumamente quería de su trabajo escritural, del concepto de poesía situada que define a su poesía y de la cercanía de sus textos, particularmente los de Diario de muerte, con experiecias semejantes de escritura: Experiencia de la muerte de Paul Ludwig Landsberg y los Diarios de Kafka. En la “Nota Explicativa se entregan referencias bibliográficas específicas, como la procedencia de las obras pictóricas aludidas y títulos de obras literarias y citas provenientes de un contexto literario en lo esencial vinculado a la vanguardia poética: Baudelaire, Rimbaud, Huidobro.
A las vías de acceso a la lectura sugeridas por los editores, se pueden agregar otras. Así, puesto Diario de muerte en relación con el resto de la obra escritural de Lihn, es necesario hacerlo con las dos variantes que ella tuvo: la reflexiva y la creativa. Su labor reflexiva sobre el arte, la literatura y la poesía siempre estuvo al tanto de las teorías más avanzadas al respecto; por ello, en su último libro es perceptible la presencia de las teorías de la Lingüística Estructural, de conceptos del Estructuralismo en literatura, de la Semiótica y del Psicoanálisis. De esta manera, la pregunta por el sentido de la vida adopta la forma de una reflexión sobre las insuficiencias del lenguaje humano y la necesidad de otro lenguaje, más allá y más acá de él, como en el texto que abre el libro: “Nada tiene que ver el dolor...”: “Nada tiene que ver el dolor con el dolor/ nada tiene que ver la desesperación con la desesperación/ Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas/ No hay nombres en la zona muda (...) Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender/ para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio/ que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas/ de una ciencia imposible e igualmente válida...”. Del mismo modo, en el texto “Limitaciones del lenguaje” hace presente las teorías del lingüista francés Emile Benveniste y conceptos del Psicoanálisis en “Caballeros inflados de ego”, “El yo de los demás no te dará ninguna luz...”, “La ciudad del yo”, “Autocine”.
En el contexto de la relación con su obra creativa poética, una serie de textos de Diario de muerte, formalmente, siguen el procedimiento de escritura de la “expansión”, definido por Lihn como “una cierta repetición distinta de lo mismo”. En libros anteriores, poemas escritos según este mecanismo son “La pieza oscura”, “Beata Beatriz”, “Pena de extrañamiento”, y, en Diario de muerte, más claramente, “Nada tiene que ver el dolor...”, “El aprendiz del arte de morir”, “El yo de los demás no te dará ninguna luz...”, “Día de los muertos”: textos que tematizan el sueño, la memoria, el amor, la muerte, el tiempo; instancias percibidas en un mismo nivel.
Respecto a la actitud crítica y desmitificadora de Lihn ante los diversos discursos sociales, y que expresó en todos los géneros literarios y formas artísticas, ella se manifiesta en diversos textos que instauran, mediante una interpelación directa, a destinatarios específicos: representantes del discurso religioso, en “Estoy tratando de creer”; de la ciencia, en “Nada tiene que ver el dolor”, “¿No sería deseable recibir una comunicación?”, “Recuerdos de un cirujano”, “Pido a la medicina”; otro conjunto de textos se dirigen a representantes de la actividad literaria crítica y creativa chilena: “Te dimos demasiada importancia”, “Lo llamaremos a la Academia”, “A N”, “La mano artificial”, “No te desasosiegues”.
El lugar de Diario de muerte en el contexto de la tradición poética chilena, según el sentido que organiza al texto; es decir, la experiencia límite de escritura, la búsqueda de una forma de expresión más allá del lenguaje verbal, la experiencia límite para el sujeto y para la poesía, significaría llevar aún más lejos el proyecto poético de Juan Luis Martínez, iniciado con La nueva novela (1977), cuyo sentido es el vacío, la nada, la abolición del sujeto, y llevado a su extremo en el libro-objeto La poesía chilena (1978).
Finalmente, la trascendencia de Diario de muerte responde a su inscripción en una forma de literatura definida por Julia Kristeva en el capítulo “Poesía y negatividad”, del libro Investigaciones para una semanálisis (Paris: Du Seuil, 1969), como un espacio de “escritura paragramática”, una escritura ambigua, en el límite del sentido, que exige una lectura doble o más de una lectura, y en la cual el sujeto se eclipsa; su desaparición implica la del lenguaje, la de la escritura, y el advenimiento de los fenómenos “secundarios” o “marginales”: el sueño, la poesía, la locura; algunos de los temas de Diario de muerte, escritos por “un sujeto zerológico”, equidistante de todo, un no-sujeto, que asume a un pensamiento que se anula. El hecho de escribir, y como lo señalara Enrique Lihn a propósito de su poema “Porque escribí”, es así un acto de autoafirmación, idea que expresa en los primeros versos de aquél poema: “Ahora que quizás, en una año de calma,/ piense: la poesía me sirvió para esto:/ no pude ser feliz, ello me fue negado,/ pero escribí”.

3.- Homenaje:

I(2)
Antes
de que yo también pierda la memoria
por la película de Harrison Ford
en el avión de la United
| entre New York y San Francisco
y aquí
por el brillo opaco
de la antena sobre el cerro
los libros que no te citaré
el paraguas que no te protege
por la Diagonal
un poco de tristeza
porque es imposible
como la mirada de la pantera
en la película de Natasha Kinsky
“Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro
que dos estrellas de diferentes galaxias”,
como escribió el poeta(3)
y como dijo el filósofo
sin lágrimas.

II(4) No pasamos
por la calle del poeta
aunque como la poesía
parece que nos une.
El metro que avanza
hacia la Cordillera
sobre Vicuña Mackenna
se parece al de Brooklyn y Queens.
Aferrada al fierro
en el centro del vagón
pienso que es difícil
dejarte caer.NOTAS:(1) Publicada en la Revista de crítica literaria latinoamericana. Año XVII-
No. 33. Lima-Perú. 1er. Semestre 1991. pp. 326-327.
(2) Publicado en Ecos del Silencio. Antología de poesía de Concepción. Patricio Novoa & Gabriel Aedo Editores. Concepción: Ediciones Malaface, 1998. p. 90.
(3) En Enrique Lihn: “Ahora sí que tú y yo...]”, Diario de muerte, p. 52.
(4) Inédito.

Concepción, mayo del 2005


Juan Zapata

Docente Departamento de Español Universidad de Concepción, Chile.

Abstract:

En múltiples ocasiones Enrique Lihn reflexionó en torno al sentido de la poesía y de la relación de ésta con la vida. En el ensayo “Enrique Lihn: Dossier Literatura” (Revista Cal. Santiago, Chile, No.3, 1979, p. 18) es donde, quizás, más claramente expone sus ideas al respecto. Allí señala el carácter complementario que tienen entre sí ambos espacios: poesía y vida, escritura y realidad, que se traduce en la imposibilidad de suplantarse mutuamente, debido a que su existencia se basa en la alteridad, a su diferencia mutua: esto lo lleva a puntualizar que: “Los muertos no escriben. Escribieron” y a agregar, citando a Nietzsche: “Allí donde termina el reino de la palabra, -el pasado llegaba hasta suponerlo- acaba también el de la existencia”.

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