lunes, 18 de mayo de 2009

Oscar Sarmiento El otro Lihn. En torno a la practica cultural de Enrique Lihn.



Publication: Taller de Letras
Author: Labbe, J. Carlos

COPYRIGHT 2002 Pontificia Universidad Catolica de Chile, Instituto de Letras

Maryland: University Press Of America, 2001. 146pp.

Entre los años 1994 y 1996, Óscar Sarmiento recordó Santiago, Puerto Montt, Chiloé, y mantuvo correspondencia con la ciudad de Lima, para recoger diecisiete testimonios de la figura cultural de Enrique Lihn. La serie de entrevistas se presenta como una recuperación de la instancia biográfica para los estudios literarios especializados. Esta nueva biografía, que evita toda tendencia a reducir la literatura a la obra como a sus relaciones con el autor, se desplaza hacia un enfoque culturalista. Busca señalar el lugar del autor en determinada situación sociocultural, así como los modos en que interviene. Tal acomodo del género biográfico necesita, previamente, reconstruir de manera fidedigna la situación sociocultural por medio de los actores que intervienen, y así evitar la transparencia ideológica del discurso tradicional del biógrafo. El énfasis en lograr el discurso múltiple -y por su intermedio una suerte de objetividad cultural- se realiza en desmedro de la recepción del estudio, que podrá leerse adecuadamente sólo como un trabajo abierto, in progress, que el mismo Sarmiento llama "un acto memorioso de reconstrucción de la figura cultural de Enrique Lihn y no [...] la presentación de la verdad acabada sobre un sujeto que sigue reescribiéndose" (xiv). Esta reconstrucción sólo puede ser realizada por la lectura voyeurista de esta serie de discursos ajenos a la que invita el autor. Así se descubre que a la recolección de las entrevistas subyace, sin embargo, una hipótesis en sordina: como pocos en Chile, Enrique Lihn fue propiciador de una cultura múltiple y compleja porque así era su propia subjetividad.

Los discursos de los diecisiete entrevistados, más aquél del propio compilador, van conformando un retrato siempre parcial. No obstante, cada una de las facetas de Enrique Lihn puede componer una figura poliédrica si se lee desde una perspectiva la hipótesis en sordina de Sarmiento. En el transcurso de las entrevistas se hace notorio un proceso en que el poeta Lihn toma conciencia de su condición de actor cultural. Esa perspectiva dirige la conversación hacia el esclarecimiento de tres elementos principales en la práctica de Enrique Lihn: su labor poética, la producción de otras actividades artísticas y su situación sociocultural.

La obra poética de Enrique Lihn aparece como una pálida vía de discernimiento de su práctica cultural. Son tímidas las lecturas que se proponen de su poesía, aunque se manifiesta el acuerdo --a veces instintivo-- de su relevancia en el contexto de las letras chilenas e hispanoamericanas. A este respecto, Eduardo Llanos es uno de los pocos entrevistados que elude la asimilación entre experiencia y obra que paulatinamente se va mostrando como el punto de fuga del retrato poliédrico, al describir los méritos de la poesía lihniana en el contorno de una escena poética donde no cabía imaginar por dónde podía surgir una voz nueva [...], haciéndose cargo --es decir, responsabilizándose-- de su interioridad naturalmente lírica [...], enfrentando [...] el gran contrapunto que se ofrecía entonces en la escena poética chilena, [que] parecía agotarse en dos grandes polos: el polo de este nerudismo sonambulesco del propio Neruda y sus secuaces y el polo de una sinceridad casi atrabiliaria, en cualquier caso extraordinariamente impactactante, como la parriana. (112)

La falta de profundización en la poesía de Lihn por parte de los entrevistados tiene que ver con un reconocimiento a su obra. Este reconocimiento señala que la emergencia de la voz de Lihn como única alternativa a los establecidos bandos nerudianos y parrianos en la poesía chilena apuntó justamente a terminar con aquella saturación de los grandes referentes culturales. Señala Claudia Donoso que a Lihn le irritaba la figura pomposa de Neruda así como cualquier tipo de culto a la personalidad. Al erigirse Neruda como único mascarón de proa de la poesía chilena se borran de paso todos los otros autores que conforman un horizonte cultural, empobreciéndose la posibilidad de crear matices y diferencias. (96)

No debe sorprender que algunos de los entrevistados, cuya competencia en poesía es incuestionable, aborden sólo lateralmente la poesía de Lihn, puesto que abordarla detenidamente resulta una tarea bastante compleja, alejada del registro coloquial. Se presenta un poeta que, según Jorge Teillier, "tenía ambiciones de hacerlo todo" (26), y que al mismo tiempo "inocula en el cuerpo del lenguaje, por así decirlo, el virus de la incertidumbre y la sospecha" (46), según Waldo Rojas. La mayoría se remite al estudio publicado por Carmen Foxley sobre la poesía de Enrique Lihn para disponer el alcance de su esfuerzo de múltiple complicación de las imágenes.

La vastedad y transitoriedad simultáneas, empero, no son privativas de la obra poética de Enrique Lihn. Los entrevistados asocian estas cualidades a su trabajo literario, primero, pero también las hacen extensivas a toda su actividad sociocultural. Principalmente --y a pesar de la definitiva intimidad que otorga la muerte a la memoria-- se hacen vastas y transitorias las referencias a recuerdos de viajes, amistades y hechos compartidos con Enrique Lihn por sus amigos y compañeros. Las entrevistas de Óscar Sarmiento van mostrando la abundancia de actividades artísticas abordadas por Enrique Lihn, cada una de ellas puntualizada por algún interlocutor válido en el área. Para cada uno de ellos se trataron de experimentos con la novela, el ensayo, la educación, el cine, las artes visuales, la performance, el cómic, la radio, el teatro. Los entrevistados afirman que en ninguna de sus disciplinas se asentó, más que en la brevedad de la poesía. El retrato poliédrico de Óscar Sarmiento se vuelve descripción del espacio de permanente búsqueda de registros que ocupó Enrique Lihn. Su misma fugacidad impide dar forma a ese registro. Se trata de una estética de morderse la cola a la intemperie, parafraseando los dichos de Guadalupe Santa Cruz.

Al decir de los entrevistados, en su última década Enrique Lihn decidió hacer completa la puesta en escena. El poeta del simulacro acaso admite que llega el momento de actuar. Se suceden dramatizaciones, exposiciones conceptuales, performances que, sin embargo, rápidamente se mitifican en el desierto cultural de los años ochenta en Chile. Para evitar la mitificación, una y otra vez Lihn debe cambiarse el disfraz, como ante el riesgo de que el disfraz se le convierta en cuerpo. Tal es la importancia del heterónimo grotesco de Enrique Lihn, don Gerardo de Pompier.

En los testimonios de sus actuaciones finales, la estilización y la hipérbole se convierten en los tropos de un escenario -Enrique Lihn- en el que pobreza económica y dictadura política eran el marco cultural necesario. Hasta el extremo de montar la propia agonía de su cáncer sobre las páginas del póstumo Diario de Muerte. La fragmentariedad discursiva propia de las entrevistas, la ausencia de sutura textual de la investigación de Óscar Sarmiento es un fino homenaje a aquel que logró reunir en heterogéneas prácticas la misma pregunta sobre los montajes de la esencia, siempre. A lo que responde Adriana Valdés: "nunca dio puntada con hilo" (18).

BIBLIOGRAFÍA Foxley, Carmen. Escritura excéntrica y modernidad. Santiago: Universitaria, 1995.

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