jueves, 11 de junio de 2009

Enrique Lihn siempre fue un hombre en movimiento

Roberto Brodsky, periodista y escritor:
"Enrique Lihn siempre fue un hombre en movimiento"
(Por Francisco Ramírez)






Hace algunos meses la Universidad Diego Portales publicó "El Paseo Ahumada", una reedición de un libroque Enrique Lihn publicó en 1983. Con esa excusa conversamos con el escritor Roberto Brodsky, uno de los discípulos del poeta.

Roberto Brodsky conoció a Enrique Lihn en 1980 cuando fue su alumno en una cátedra de Literatura que el poeta impartía en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile. A partir de entonces, se integró en una camaradería en torno al poeta que reunió a escritores como Rodrigo Lira, Diego Maqueira, Gregory Cohen y Roberto Merino, entre otros. "Era ya un poeta consagrado y nosotros estábamos en pie de aprendizaje. Pero no existía reverencialidad con él, pues nunca aceptó el trato de discípulo-maestro. Existía una especie de complicidad y todos nos vinculábamos en una suerte de diálogo", cuenta Brodsky.

A fines de 1983, año de gran efervescencia social e inicio de las protestas masivas en contra de la dictadura, Enrique Lihn publicó "El Paseo Ahumada", poemario que veinte años después es reeditado por el sello editorial de la Universidad Diego Portales.

En el epílogo que Lihn escribió para este libro planteaba que el Paseo Ahumada derivó de emblema de las expectativas neoliberales del pinochetismo a un muestrario del "quiebre del modelo económico". Decía que allí incluso "el trabajo se ha convertido en un arte y la mendicidad en un trabajo altamente competitivo". ¿Cuál es su apreciación de este libro?

"El Paseo Ahumada" es un poema sobre el circo del mercado, de la ideología y de la locura chilena. Es una parodia de la grosería mercantil y de sus elementos más grotescos. El Paseo siempre se presentó como el "logro" de la democratización del mercado, pero ahí se reunía toda su grosería. Lihn tomó ese espacio y lo reinterpretó como lo que era: locura.

Como artista y poeta, Lihn era un hombre con los pies muy puestos en la tierra, en el país y la cultura en que se insertaba, contaminada y en crisis en ese tiempo, lo que se reflejaba en su obra. Por ello se explica que en libros como "El Paseo Ahumada" no buscara imágenes bellas, apolíneas. Lo que a Lihn sí le interesó profundamente fue reflejar toda esa contaminación circundante en el Chile de esos años.

¿Cómo se planteaba Lihn, como escritor, frente a la dictadura?

Lihn era claramente antagonista a los militares, pero se oponía sin plegarse obligatoriamente a los discursos colectivos: como no encontraba ninguna posibilidad de diálogo con los militares, él le hablaba a los poetas, a los artistas. Era opositor, sin duda, pero para él, enfrentarse a la dictadura no significaba, necesariamente, salir a la calle portando pancartas. Lihn no sabía hacer una barricada; sí detectar en el discurso público la demagogia, el populismo, la ignorancia y la dureza de la oficialidad, elementos que plasmaba en su obra. Al leer sus columnas y comentarios de los 80 se advierte que registra de modo pormenorizado la actividad cultural de ese tiempo, y lo hace críticamente, generando polémicas y discusiones. Lihn se oponía, pero en función de lo que sabía hacer.

Lihn fue un autor muy prolífico, ¿qué recuerdo guarda de él?

Enrique Lihn siempre fue un hombre en movimiento. De él, nosotros aprendimos a no quedarnos estáticos, a crear en un país que tendía a ningunear o a congelar la creación en una suerte de oficialidad rancia, como sucedía en dictadura.

En un artículo publicado en el diario La Epoca en 1987, el poeta se autoinscribía, junto a otros escritores, en un rol de "escritor del exilio interior"; vale decir, entre aquellos que, viviendo en el país, debían "verbalizar un discurso que está prohibido", mientras los escritores exiliados se oponían a la dictadura desde el exterior.


Eso se explica partiendo de que para Lihn la suya fue una manera de vivir en dictadura sin dejar de ser escritor. Si Lihn partía a un exilio voluntario iría sólo a interpretar un rol. En cambio, si permanecía en el país se debía "forzar" a crear un nuevo espacio. En el Chile militarizado ya no se podía pensar como antes y frente a aquello se debía organizar un espacio de creación en el mismo país.

En los 70 y principios de los 80 el poeta viajó varias veces al extranjero. Según su relato, hubo oportunidades en que recibió críticas por permanecer en Chile pese a los horrores que se vivían.

Esas críticas externas no me parecen válidas. En efecto, algunos escritores, desde el exilio, se arrogaban, con una suerte de idealismo, el "salvar" la quintaesencia del país. Claro que existían literatos perseguidos afuera, pero no podría sostenerse que ellos eran defensores y los demás, en Chile, los "contaminados", pues estos últimos vivían tan problematizados como los de afuera. Algunos escritores en el exilio encontraron un espacio muy adecuado para poder escribir: era muy cómodo hacerlo desde el extranjero como si Chile estuviese anulado en tanto operación creativa; sin embargo, en el país sí permaneció gente escribiendo, pensando lo que se vivía.

El movimiento cultural opositor que integraba Lihn debía evadir la censura de las autoridades de la época. Al respecto y al aludir a Nicanor Parra, Lihn emitió un juicio que podría aplicarse al grupo: "ha compartido con todos el peso de la noche, buscando terceras posiciones". ¿Cómo se luchaba por la libertad de expresión en esos años, cuando Pinochet decía frases del tipo "no se mueve una hoja sin que yo lo sepa"?

La censura se sorteaba, primero con humor. En dictadura uno debió aprender a darse cuenta que no había que enfrentarla como si fuese un animal terrible, sino que había que engañarla, hacerla lesa, oponérsele de manera lúdica. Uno fácilmente podía hacerse víctima de la censura, lo difícil era ridiculizarla.


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