miércoles, 24 de junio de 2009

Lihn reabre el gallinero


“Textos sobre arte” revive al poeta, a 20 años de su muerte
Lihn reabre el gallinero


En abril, Ediciones UDP publicará el libro “Textos sobre arte”, que recopila 63 escritos de Lihn dedicados a artistas nacionales. Aquí reproducimos parte del prólogo de Adriana Valdés. Además, la misma universidad realizará un seminario sobre su obra. Mientras, en Estados Unidos se acaba de editar “Resisting alienation”, y Alejandro Jodorowsky recuerda el lema de “el Flaco”: “Amor y cultura”.


Es 1949, agosto, y Enrique Lihn inaugura la segunda exposición de sus dibujos. El joven insomne tiene 19 años, y una periodista se anima a entrevistarlo, resaltando, eso sí, que Lihn ante cada pregunta "mantiene su posición incorruptible".

"¿Qué piensa del arte actual?", interroga la señorita. "Lo grotesco es el acento que caracteriza al arte de nuestro tiempo. Kokoschka, el mismo Picasso, Grozs, son sus más fieles representantes".

La respuesta de un puntudo Lihn quien había dejado el colegio a los 13 años para entrar a estudiar a la Escuela del Museo de Bellas Artes sólo fue una pincelada de un discurso mayor, agudo, que lo llevó a escribir no sólo una reconocida obra poética, sino a ser tildado de intelectual severo, que al despertar "se lavaba la cara con limón".

Lihn partió escribiendo en revistas especializadas en arte, a la vez que trabajaba como secretario de redacción de la revista de arte del Instituto de Extensión de Artes Plásticas de la Universidad de Chile. Más tarde recién a los 35 años saldría por primera vez del país, gracias a una beca en museología. Una vida teñida por la plástica en los ojos mirones del poeta, que no se quedó sólo en el mosqueo de la palabra.

Es sobre esa veta menos conocida del poeta sobre la que en abril, Ediciones Universidad Diego Portales reflotará con el libro "Textos sobre arte". Volumen de 600 páginas que recopila 63 escritos sobre las artes en Chile, a 20 años de la muerte de Lihn en su departamento capitalino de calle Passy.

Aquí reproducimos parte del prólogo escrito por la profesora de arte Adriana Valdés. Además, la Universidad Diego Portales realizará este año un seminario sobre la obra literaria del autor de "La pieza oscura". Mientras, en Estados Unidos se acaba de publicar, "Resisting alienation. The literary work of Enrique Lihn", de Chistopher M. Travis.

AUTORRETRATO

DE UNA GENERACIÓN

Enrique Lihn escribió sobre arte desde los años cincuenta, cuando tenía poco más de 20 años, y lo siguió haciendo de manera intermitente a lo largo de su vida y hasta su muerte en 1988. Es interesante observar la diferencia que existe entre sus poemas y sus ensayos sobre arte. Sus poemas abordan la pintura europea (y la del estadounidense Hopper), que conoce a través de reproducciones, primero, y de sus viajes, después, mientras que sus ensayos recogen su reflexión crítica acerca de artistas chilenos o que exhiben en el país. De este hecho se desprenden, creemos, dos proyectos distintos de publicación.

El primero consistiría en un espléndido volumen con imágenes, para enfrentar los poemas con las pinturas de Bacon, Botticelli, Brueghel, Burne-Jones, Gerard David, Degas, Hopper, Kandinsky, Klinger, Kubin, Mantegna, Monet, Rossetti y otros. (Hubo un tímido y precario intento que hicimos para dos poemas de su libro póstumo, "Diario de muerte"). Muchas claves se ofrecerían allí, tanto para la poesía como para la plástica; muchos momentos de revelación y de gozo. Los poemas no hablan, así como así, de las imágenes; no las explican ni enseñan. Parten desde ellas hacia una misma zona de silencio. La poesía, dijo Lihn, "es más bien una manera de callar". Los poemas callan, junto a las pinturas, de un modo que enriquece a unos y otras.

El segundo proyecto es el de este libro, que por fin llega a buen término. Se trata de la recopilación de 63 textos que escribió sobre las artes en nuestro país. Los nombres mencionados son otros, el paisaje intelectual distinto, y las artes no impulsan a Lihn hacia el poema, sino hacia el ensayo y el artículo. La contemplación y la memoria se reservan principalmente para un pasado remoto y ajeno, fantaseado y fantasmático, el del arte europeo. El arte del aquí, y del "ahora" de cada texto, se trata, en cambio, principalmente de la polémica; del juicio; del trabajo de campo, en el sentido del "campo intelectual" del que habla Bourdieu. En ese campo, su voz fue haciéndose progresivamente "incordiante". Su crítica, a veces amarga, era casi siempre certera. El tiempo ha ido reivindicando muchas de sus opiniones, a veces malsonantes en su momento. (...)

A los 25 años comenzó a escribir los textos sobre arte que se reúnen en este libro. Su último escrito, sobre las fotografías de Paz Errázuriz, se publicó muy cerca del 10 de julio de 1988, fecha de su muerte. No alcanzó a vivir 60 años.

En su producción de textos sobre arte cabe distinguir etapas diversas. En la primera, que duró casi diez años, sus publicaciones estuvieron destinadas a revistas universitarias especializadas en arte. Se trata de estudios en gran medida vigentes hasta hoy, importantes para la bibliografía de cada uno de los artistas, por cierto (pienso en Burchard, Villaseñor, Antúnez, Zañartu, por ejemplo). Se trata además de extraordinarias introducciones al horizonte cultural de los años sesenta en Chile, de los criterios de juicio y las ideas estéticas que entonces se debatían. En ese sentido interesan sus baudelairianos paseos por los salones oficiales, pero sobre todo el ensayo en que defiende el arte contemporáneo frente a los juicios de Jorge Elliott. Lihn admiraba y respetaba a Elliott, y éste lo incluyó en su consagratoria antología de los poetas chilenos publicada en 1960 con juicios certeros y laudatorios, que mantienen su vigencia hasta hoy. El de Lihn es necesariamente un ensayo cuidadoso, entonces, pero es también sumamente contestatario y polémico, material obligado para una historia del arte en Chile. En esta etapa, también, su largo texto sobre Carlos Faz puede leerse como el autorretrato de una generación, la suya propia, de intelectuales y artistas jóvenes. (...)

Los quince años finales de su producción, posteriores al golpe militar, podrían caracterizarse desde la idea de "contracultura" que propone en "Adiós a Tarzán". "No es ni la acultura ni la anticultura que definen el régimen y la década", escribió en 1984. De esta época son también reflexiones suyas que proponían un trabajo cultural "indigesto" para la dictadura, refractario a entrar en circuito oficial alguno, "completamente inútil para los propósitos del fascismo", para usar una frase de Walter Benjamin. El orden cronológico tiene especial sentido en esta etapa. Los ensayos de 1977, dedicados a obras de Pedro Millar y de Roser Bru, se escriben desde el duelo y el miedo, como las obras mismas y su exhibición. Con ellos Lihn se suma al intento de reconstituir en Chile un espacio de exhibición y de escritura marginal y con la libertad que por entonces era posible. En este afán coincidió con Ronald Kay, con Nelly Richard, con Cristián Huneeus, y en parte con el Colectivo Acciones de Arte (CADA) y conmigo, autores todos de textos en esos tiempos. Enrique Lihn era el más experimentado, y su forma de sagacidad y de ácida crítica lo llevó, a poco andar, a diferenciarse de los demás.

Este libro contiene ejemplos de sobra de la inventiva incesante de Lihn. Desde 1977 en adelante, amplía el espectro de las artes sobre las que escribe. El tema de la mirada unifica consideraciones acerca de pinturas, grabados, fotografías y películas. El tema de la cultura en el Chile dictatorial, por su parte, da origen a artículos informativos en diarios españoles, a declaraciones de principios en editoriales de revistas que no vieron la luz, a happenings contraculturales que, vistos retrospectivamente, parecen prefigurar las llamadas "estéticas relacionales", a celebraciones colectivas, del orden del juego, que afirman una especie de comunidad ajena al autoritarismo imperante. Todas ellas tienen en común el desafío y el disenso. Respecto de la dictadura, en primer lugar, y también quien nace chicharra muere cantando respecto de cualquier autoridad que se fuera estableciendo en el campo de la misma disidencia. Comprendiendo a fondo lo que se juega en el debate acerca de la pintura (véase su texto sobre Dittborn, "Por el ojo del rodillo"), es también capaz de resistirse a las nuevas ortodoxias de la "escena de avanzada", y a las jergas que "apuntan, gravemente, a reemplazar a la imagen por la palabra y a la palabra por la teoría". (...)

Tras el recorrido por las diversas épocas de la escritura crítica de Lihn, resulta hasta inquietante constatar que en el primero y en el último de los escritos incluidos en este libro se menciona una preocupación similar. En 1955, Lihn se pregunta por "la historia cultural de nuestro pueblo", y en 1988, más escéptico ya, por "la historia o la crónica" de la cultura en un Chile donde, "con una violencia digna de los tiempos que corren (...) los que vienen ignoran a los que se van o a los que se quedan y creen empezarlo todo desde (...) la tabula rasa. Lo único que no cambia es, en un tiempo sin duración, la ruptura. Tierra sin suelo", escribe. Desconsoladamente, podría agregarse.

A partir de desconsuelos semejantes, hace ya un tiempo que se echan de menos miradas históricas viables y actuales sobre el arte en Chile (para "no hablar de arte chileno", como dice Lihn). Para construir esas miradas, para facilitar la historia del arte en Chile, campo siempre a punto de constituirse, los escritos reunidos en este libro pueden ser un aporte muy significativo. Su análisis ya ha sido emprendido (notablemente por mi coeditora, Ana María Risco), y ha de quedar en manos de los más jóvenes.

Adriana Valdés

Santiago de Chile, 2007


Fuente: Domingo 23 de marzo de 2008
Por Javier García / La Nación Domingo


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