jueves, 9 de julio de 2009

¿Por qué escriben los poetas?: Oscar Hahn y Enrique Lihn


¿Por qué escriben los poetas?: Oscar Hahn y Enrique Lihn
Georges-Michel Darricades


Hay un aspecto importante que permite entender aún más la mirada distinta que cada uno tiene respecto de este tema y es la época en que escribieron el poema uno y otro, Oscar Hahn lo hizo en la medianía de su carrera, en cambio Lihn lo publica en su última hora, Diario de muerte, cuando ya avizoraba su final.

Esta es una pregunta que muchos poetas se han hecho a lo largo de los tiempos y siempre las respuestas son poéticas, racionales, lúdicas, u oníricas.

Sólo en el siglo XX, y por citar como ejemplo, de dos grandes, que vaya que escribieron, uno en la poesía y el drama, el otro en la filosofía y el teatro, se hicieron esta pregunta, me refiero a García Lorca: “Pero, ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más...” “En mis conferencias, he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea inconsciente de lo que hago, al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio-, también es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo y de darme cuenta en absoluto de lo que es el poema”. (Hablando de su Poética, a Gerardo Diego) y Sartre: “Uno de los principales motivos de la creación artística es indudablemente la necesidad de sentirnos esenciales en relación con el mundo”. “Un aprendiz de pintor preguntaba a su maestro, ¿Cuándo debo estimar que mi cuadro está acabado?. Y el maestro contestó: cuando puedas contemplarlo con sorpresa, diciéndote: ¡soy yo quien ha hecho esto!” (Por qué escribir).

Hay varias visiones, pero, dentro de la mirada poética me quiero detener en dos poetas nuestros, de alto vuelo en la segunda mitad del siglo XX, me refiero a Oscar Hahn y Enrique Lihn.

Cada uno tiene un texto que se refiere a lo que comentamos, ¿Por qué escribe usted?, de Hahn y Porque escribí, de Lihn.

Además del tiempo verbal que es diferente, en presente Hahn, en pasado Lihn, en lo inicial, el título, hay una diferencia obvia entre ambas, que marca ciertamente un sentido diverso al enfoque que cada uno le da, el de Hahn es una pregunta, como que fuera un interlocutor frente a un entrevistador, el de Lihn es una afirmación con un dejo casi testamentario, entonces el tono es disímil, el primero está escribiendo hoy y quizás puede continuar haciéndolo, el segundo nos señala no sólo por qué escribió sino para qué lo hizo.

Por otro lado hay un aspecto importante que permite entender aún más la mirada distinta que cada uno tiene respecto de este tema y es la época en que escribieron el poema uno y otro, Oscar Hahn lo hizo en la medianía de su carrera, en cambio Lihn lo publica en su última hora, Diario de muerte, cuando ya avizoraba su final.

Sin embargo hay más diferencias que no tienen que ver con la forma sino con el fondo en ambas poesías, diversas miradas, una, la de Hahn está escrita desde la vida en cambio la de Lihn está escrita desde la muerte o por lo menos previendo la cercanía de esta.

Se percibe que Hahn aún tiene tiempo para seguir escribiendo, tiene un espacio donde continuar desenvolviéndose, da la impresión que el poema está inconcluso, que aún le queda mucho aire que respirar y muchas sílabas que echar a volar para transformarlas en palabras, que a pesar de todo lo escrito, todavía hay páginas en blanco que esperan su tinta.

En Lihn en cambio pareciera que ya está todo dicho, que lo coloquial fuera con la muerte más que con “algunos pocos lectores ajusticiados”, tal como él lo dice que “de la vida tomé todas estas palabras” y que al robarle ya todos sus secretos a la muerte ya conoce todos los de la vida.

Así Hahn cuando responde la pregunta del título echa mano a los clásicos, dando una visión más academicista, como profesor universitario que es: “porque góngora porque la tierra porque el sol:/ porque san juan porque la luna porque rimbaud”.

No le es posible a Hahn vivir sin la escritura, está ahí en su propio yo, aunque quisiera no podría desembarazarse de ella: “Porque el claro porque la sangre porque el papel/ porque la carne porque la tinta porque la piel.”

Para más adelante mostrarnos la dicotomía del amor: “porque el infierno porque el cielo porque tú”. Finalmente su razón de vivir en la escritura, en la cotidianeidad, escribe y no podría no hacerlo: “porque algún día porque todos porque quizás”.

Por su parte Lihn nos muestra alegría pero también certezas que no escabullen el bulto de la dura vida, eso de estar ahí frente a frente, cara a cara con la muerte; “porque escribí y hacerlo significa trabajar con la muerte codo a codo, robarle unos cuantos secretos”.

Termina su poema Lihn con una especie de confesión de vida, donde a pesar de la tremenda fuerza de la estrofa, brilla lo diáfano, lo simple, lo consecuente, incluso la ternura: “Porque escribí no estuve en casa del verdugo/ ni me dejé llevar por el amor a Dios/ ni acepté que los hombres fueran dioses/ ni me hice desear como escribiente/ ni la pobreza me pareció atroz/ ni el poder una cosa deseable/ ni me lavé ni me ensucié las manos/ ni fueron vírgenes mis mejores amigas/ ni tuve como amigo a un fariseo/ ni a pesar de la cólera/ quise desbaratar a mi enemigo”.

En su último verso, pareciera que abarcara todo el poema y no sólo eso, sino toda su razón de vivir: “Pero escribí y me muero por mi cuenta/ porque escribí porque escribí estoy vivo”

Hermosos poemas ambos, que finalmente no hacen otra cosa, que enlazar la vida de los poetas con la fuerza viva de sus propios poemas y confirman en su ser-poetas, el decir de Lorca respecto de la poesía de Neruda, que esta se escribe con sangre más que con tinta.

1 comentario:

  1. maravilloso poeta infinitamente crudo pero humano un poeta de verdad

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