sábado, 31 de enero de 2009

Cámara de tortura



Su ayuda es mi sueldo
Su sueldo es la cuadratura de mí círculo,
que saco con los dedos para mantener su agilidad
Su calculadora es mi mano a la que le falta un dedo con el que me prevengo de los errores de cálculo
Su limosna es el capital con que me pongo cuando se la pido
Su aparición en el Paseo Ahumada es mi estreno en sociedad
Su sociedad es secreta en lo que toca a mi tribu
Su seguridad personal es mi falta de decisión
Su pañuelo en el bolsillo es mi bandera blanca
Su corbata es mi nudo gordiano
Su terno de Falabella es mi telón de fondo
Su zapato derecho es mi zapato izquierdo doce años después
La línea de su pantalón es el límite que yo no podría franquear aunque me disfrazara de usted después de empelotarlo a la fuerza
Su ascensión por la escalinata del Banco de Chile es mi sueño de Jacob por el que baja un án gel rubio y de alas pintadas a pagar, cuerpo a cuerpo, todas mis deudas
Su chequera es mi saco de papeles cuando me pego una volada
Su firma es mi entretención de analfabeto
Su dos más dos son cuatro es mi dos menos dos
Su ir y venir es mi laberinto en que yo rumiante me pierdo perseguido por una mosca
Su oficina es el entretelón en que se puede condenar a muerte mi nombre y su traspaso a otro cadáver que lo lleve en un país amigo
Su consultorio es mi cámara de tortura
Su cámara de tortura es el único hotel en que puedo ser recibido a cualquier hora sin previo aviso de su parte
Su orden es mi canto
Su lapicera eléctrica es lo que hace de mí un autor copioso un maldito iluminado o el cojonudo que muere pollo, según quien sea yo en ese momento
Su mala leche es mi sangre
Su patada en el culo es mi ascensión a los cielos que son lo que son y no lo que Dios quiere
Su tranquilidad es mi muerte por la espalda
Su libertad es mi perpétua
Su paz es la mía siempre y cuando yo goce de ella eternamente y usted de por vida
Su vida real es el fin de mi imaginación cuando me pego una volada
Su mujer es en tal caso mi gatita despanzurrada
Su mondadientes es ahora mi tenedor
Su tenedor es mi cuchara
Su cuchillo es mi tentación de degollarlo cuando me mamo un cogollo
Su policial es el guardián de mi impropiedad
Su ovejero es mi degollador a la puerta de su casa como si yo no fuera una maldita oveja extraviada
Su metralleta es mi novia con la que tiro en sueños
Su casco es el molde en el que vaciaron la cabeza de mi hijo cuando nazca
Su retreta es mi marcha nupcial
Su basural es mi panteón mientras no se lleven los cadáveres.

(de El paseo Ahumada, 1983)


viernes, 30 de enero de 2009

Hacia una interpretación Lihn-güística de: Para ningún destinatario

lihnrulez.JPG


En esta ocasión he querido realizar una deslectura del poema “para ningún destinatario” de Enrique Lihn, sin embargo antes de proceder al texto mismo y su decantación creo que es pertinente entregar algunos datos sobre el marco que envuelve a esta pieza, el libro que cobija al poema y sus circunstancias.

Este texto se haya presente en el libro Estación de los desamparados, libro del chileno paradójicamente inspirado por su estancia o “estación” en Perú con motivo de la solicitud que le hiciese el poeta César Calvo para fungir como jurado en un festival de la canción. El libro, concebido allá por el 72 llegó a ser publicado recién diez años después en un tercer país, México. Las razón para tan dilatada presentación de esta obra que goza entre el grueso del trabajo poético de Lihn de una escasa difusión, es principalmente el recato editorial, pues se pensaba que la imagen que este poemario entregaba del Perú en aquella década gobernado por Velasco y su régimen Revolucionario de las Fuerzas Armadas, con todas las consecuencias que la dictadura tuvo sobre la economía, agricultura e intervencionismo en la prensa, podía resultar desalentadora, cruda e incluso ofensiva.

.....¿Es este un país civilizado?
Yo personalmente creo que no. Este es un país bárbaro
que vive una guerra permanente consigo mismo,
una guerra no declarada.
Se ha montado aquí una gran maquinaria.
La Maquinaria del Ocultamiento de la Verdad en el Perú.


Esta opinión fue compartida por el propio autor, quien la hizo explicita al referirse a la división que presenta el poemario. De acuerdo a Lihn, el texto trataría: en su primera parte, de una "intromisión valorativa, gratuita y poco diplomática en los problemas de un país hermano" (Lihn 1997: 379-380), y un "cancionero amoroso" en la segunda

Al respecto es necesario señalar también que la obra recibe su nombre en honor a la estación de ferrocarril Desamparados situada en Lima. El creador, en el título, juega polifónicamente con ambos vocablos al aludir no sólo al lugar físico, edificio ubicado en el margen izquierdo del hablador, o sea el río Rimac sino que busca connotar la condición metafísica de soledad, de desesperanza atestiguada en el lapso que vivió en calidad de extranjero (esto lo veremos en detalle una vez realizado el análisis).

El autor añade además en el libro definitivo, editado por Premiá en el 82, la siguiente cita que ilumina a los intérpretes en cuanto a la recepción y lectura histórico-política subyacente: Este libro, pues, que abunda en un corazón partido, es al mismo tiempo una crónica del Perú: repetición, más o menos literal, de textos orales harto inocentes por lo demás, como se verá; obra de montaje con materiales del natural. La sección segunda –el cancionero de la estación- es el desamparo menos Lima. No tiene connotaciones histórico-político-geográficas: Son estas las que han mantenido el libro en la inedición. (Lihn 1982: 9)

Es mucho lo que podemos obtener de estas palabras para comprender la génesis y devenir de Estación de los desamparados, se admite en primer lugar el carácter cronístico, de diario de viaje o vida de la obra para aludir luego de forma no menos directa y categórica a la función política que empapa al texto en general, o al menos a la primera parte. En cuanto a esto, hay que agregar un dato curioso y no menor, que el santiaguino rápidamente deja en claro, la visión desplegada en torno al país de Vallejo, no surge solo de la memoria e impresiones personalísimas que Lihn pudiese tener, sino “de la repetición, más o menos literal, de textos orales harto inocentes por lo demás” o sea contaminado por las conversaciones que tuviera con su pares intelectuales y artistas del Perú, en definitiva estamos ante una obra que posee un efecto testimonial, tomando como fuente misma el testimonio, o sea, la voz e interpretación de terceros en la constitución del yo poético. Esto a juicio del teórico literario Oscar Galindo torna más compleja la comprensión del modelo genérico que estructura la voz del hablante y por ende las aproximaciones que el lector pueda tener frente al poemario en la medida que el retrato que Lihn hace del Perú no sólo bebe de discursos interdisciplinarios propios del periodismo u otros géneros narrativos por decirlo de alguna manera, sino que además recoge para su gestación la opinión de otros, a los cuales el mismo poeta arguye, es mejor no individualizar por su seguridad. Galindo señala al respecto que se trata de: el testimonio del testimonio, es decir, la transcripción de relatos de otros o más bien el recuerdo de dichos relatos. El dialogo que se desarrolla con el Perú de aquel momento fluye en los siguientes términos

Estación de los Desamparados: aquí tendrían que llegar
los migrantes de la sierra arrojados a Lima.
Pero con seguridad avanzan penosamente hacia ella
en la dirección de estos cerros hambrientos
donde acampa el ejército de los que mueren y mueren
antes de la batalla
de los que viven y viven antes de la batalla.


La pregunta subsecuente es: ¿Dónde establecer los límites entre el autor y el hablante en cuanto a juicios?, son las opiniones de Lihn o de la voz que creo o tal vez son sus pares los que producen estas digresiones. ¿Es el sentimiento de extranjero el que se desnuda o son los residentes que hablan a través del poeta?, quizá una amalgama:

En cuanto se toca el problema del indio –ya nadie lo toca, ningún
peruano habla de esto con sinceridad-
empiezan, pues, las hipocresías.
Yo no tengo ninguna solución para el problema del indio:
lo que ahorita les diga lo creerán un horror, pero no es mi solución:
nadie tiene ninguna.


Ese ahorita, propio del habla del peruano, confunde al lector a la hora de identificar al hablante, dónde empieza y termina la cita, hasta que grado se compromete la voz de Lihn. Lo que si queda claro es que el chileno, haciendo uso de estas estrategias que bordean lo anfibológico plantea un nivel muy interesante de conexión entre poesía y contingencia, aunando la percepción crítica de una multiplicidad de voces, la suya propia, la de los peruanos y la del hablante que tiene autonomía en la obra, por tanto el poeta metafísico que por lo general debate en torno a la existencia, a la desconfianza de la palabra y que busca ironizar la realidad con humor negro y desasosiego, también orbita por lo que nos muestra este libro, fuera del esteticismo, del texto volcado a sí mismo y compromete diversos estadios de la mirada que circunda en torno a lo extratextual.

La situación de Estación de los desamparados empero, no culmina allí, en ese tema que según Lihn contribuyó a mantener relegadas las páginas del libro, o sea las connotaciones histórico-político-geográficas pues la otra parte del texto aunque se mantiene en la tónica del desamparo se aparta del germen social, de lo ideológico y comprometido con el otro, con la alteridad en un nivel gregario al ser voyeur de la maquinaria de ocultamiento de la verdad en el Perú y aborda otro sentido al penetrar la vertiente íntima del amor o mejor dicho del desamor, abriendo uno de los fetiches del poeta, el cuestionamiento constante en torno a la incomunicación y lo complejo de sostener una relación de pareja.

Fragmento de tus auxiliares fueron (…)En lugar de una puñalada recibo un buen consejo.
Tu misma me alientas a la espera y a la prudencia
Te declaras preocupada por el estado en que me encuentro.
Sólo el escándalo y tu horror hacia él pondrían en evidencia
la verdad
de una ruptura glacial


(…)No me provoca ir a Machu Picchu.
Apuraré mi regreso
pero igual estarás a mil años de distancia
y tú serás mi ruina.
Fue así como llegué
...................... a envidiar
............................... ...... a los muertos.


Tal como se señala en la obra de Carmen Foxley: Enrique Lihn: Escritura excéntrica y modernidad, las circunstancias personales que embargaban en ese entonces al poeta, implicaban un quiebre amoroso que lo acompañó de forma delirante durante su viaje. Esta cara de la realidad más personal, la afronta con ironía y jocosidad a la par que deshilvana su crónica del Perú hecha poesía; por tanto Estación de los desamparados, en términos más acotados, podemos verla como un trabajo al estilo de Hunter S. Thompson y su periodismo gonzo, aquel en que el cronista se vuelve parte de la noticia, “otro testimonio del testimonio”, la crisis del hombre ante su pareja a la luz del conflicto de los otros hombres con su patria.

Revisado someramente el contexto de la obra así como la comunicación recíproca que sostienen ambas partes, Estación y Cancionero de la estación respectivamente, llama la atención el poema Para ningún destinatario por dos motivos. Primero porque incluye en su brevedad un sentido totalitario. Un intento de definición del acto mismo de escribir, de poetizar, el que podría compararse estableciendo un nexo co-interpretativo con el poema clásico de Lihn “Porque escribí” publicado en Musiquilla de las pobres esferas (1969) y en segundo lugar porque a la luz de las condiciones testimoniales, extraliterarias e incluso de compromiso político del poemario, mirada juiciosa que Estación de los desamparados sostiene sobre el Perú, lo cual va delineando el espíritu del libro de manera integra, el tono de Para ningún destinatario pieza corta inserta dentro de la globalidad de la obra resulta desconcertante pues su presencia marca “en apariencia” una oposición tajante al sentir de la unidad y promueve un regreso al poeta introspectivo batallando con sus delirios existenciales y su angustia Wittgensteiniana. Por qué digo en apariencia, creo que antes de detallar mi lectura lo justo es poner en conocimiento del lector, el poema en cuestión.

Para ningún destinatario
sin la esperanza ni el propósito de influir sobre el curso de las cosas
el poema es un rito solitario
relacionado en lo esencial con la muerte.


Más que descomponer el texto como se hizo con TV y Sirenas, el caso de “Para ningún destinatario” demanda poner atención a la idea que Lihn procura transmitir a cabalidad al definir el acto poético y la poesía como un ritual personalísimo ligado consustancialmente a la muerte, pues tomando como base aquella afirmación que pone el acento en la nada, podemos señalar su anverso o para algunos su correlato, el ser, lo cual resulta clarificador. Ya que todos, la realidad humana en general al componerse de existencias precarias, vidas que nacen para morir, para darse un sentido en su corto lapso o estación, también se vinculan esencialmente con la poesía o con el acto de crear en el transito que efectúan hacia la muerte, por tanto podemos intervenir el texto original y señalar que:

el poema es un rito solitario
relacionado en lo esencial con la vida


Ahora si a esto añadimos que el acto de vivir es a su vez un quehacer solitario, desamparado, pues toca a cada uno por sí solo encontrar las respuestas y elegir angustiosamente el sentido final que tendrá nuestro devenir, previo al alcance de aquel destino infranqueable que arrastra todo a la nada, hacia esa muerte o imposibilidad posible como la llamaba el filósofo Martin Heidegger, podemos volver a intervenir el poema y decir simplemente:

El vivir es un rito solitario

Aunque hay que agregar que ese vivir, visto a los ojos de Lihn estaría cualificado de modo que no es casual mi intervención al reemplazar la palabra poema por vivir, pues si analizamos a fondo, descubriremos que para el escritor, el acto de escribir y vivir, de poetizar y vivir son lo mismo. El poema como creación, es un acto volitivo a veces inconsciente por parte del poeta sin embargo fuera de la mecánica que lo impulse tal como ocurre en el día a día con nuestros actos, lo que si es claro, es que siempre la acción nos afecta, da vida, muerte y sentido a la realidad que vamos diseñando. Volvamos entonces al caso de Enrique Lihn como creador de su propio tiempo, con todo lo que ello implica. El poeta da vida a su propia realidad, en estación de los desamparados lee y vive al mundo, lee al Perú de los setenta con todos los recursos que tiene para hacerlo, medios propios o gracias a testimonios o lecturas de terceros, de tal modo elige como crear su vida, como escribir su existencia y la de esa realidad que le toco enfrentar (días de mi escritura, solar del extranjero) dice en Porque Escribí, por tanto Lihn vive y escribe al Perú, tal como lo hizo con Paris, El paseo Ahumada en Chile y Nueva York y como él, todos los que asumimos aquella voluntaria obsesión y esclavitud ante las letras (así lo expone Vargas Llosa) prefiguramos el acto de vivir escribiendo, de poetizar la vida como el más rotundo e importante hacer, actuar.

Al escribir estamos ante un sinónimo de vivir, de modo que nace un par indiferenciado que se concreta en vivir/escribir nuestros días, disfrutar y crear nuestra vida/escritura, sólo de ese modo damos sentido a aquella angustia del ser, a ese tiempo al que hemos sido arrojados para correr contra aquel destino ineludible, la muerte y nada. En conclusión una última intervención al texto original sería:

El poema/vida es un rito solitario

Concluida esta primera parte del análisis y tras tanta intervención al poema original, debo señalar con pudor que el argumento desplegado para leer este texto Lihniano puede resultar arbitrario y por lo mismo, podría ser considerado por el lector como una mirada escueta, unilateral y existencialista, a lo cual puedo contra-argumentar como redactor que se trata tan sólo de mi lectura o deslectura, mi diálogo con Lihn bajo esos términos, los cuales me permiten reconocer en poema tan sencillo, una visión trascendente que se despliega en torno al poeta como hombre que reconoce su finitud y vive la escritura a la par que escribe su vida. Sin embargo insisto, a riesgo de sonar majadero, que Lihn, escritor y hombre se sabe finito por ello vive su escritura y escribe su vida ajeno a toda inactividad, o abulia compadeciente, como respaldo y refuerzo a esta visión pragmática que doy de la soledad (desamparo) y saparatidad (vida/muerte) a través de “para ningún destinatario”, resulta necesario a fin de romper lo monológico del artículo, recurrir Lihn-güísticamente a otro texto del poeta, al remate de la pieza “Porque escribí”

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo


En este fragmento del poema Porque escribí, suerte de manifiesto del vivir/escribir queda claro cómo para Lihn y su hablante, el acto de crear y re-crear la realidad a través de la palabra esta relacionado en lo más íntimo y esencial con la vida y por ende con la muerte como literalmente se expone en Para ningún destinatario. Visión que se resume taulógicamente en la forma que la muerte llega al poeta, este muere por su cuenta, o sea en sus términos pues como escritor vivió su estación desamparada, su lapso solitario hacía el fin como quiso y si pudo ese querer, fue porque en definitiva, escribió su realidad. Porque escribió pudo vivir.

Al respecto, se hace necesario si hablamos de realidad y su connotación, no olvidar la incoherencia aparente que ya se señaló y que puede existir entre el texto analizado Para ningún destinatario y el poemario al que pertenece este, estación de los desamparados pues el poema desde el primer verso niega a un posible receptor y la esperanza de influir en el curso de las cosas para luego presentarnos una idea de la realidad vital creada desde la escritura lo que para algunos implica una incapacidad de captar el yo fuera del cogito, o sea, estamos ante una concepción de la escritura que fácilmente puede ser acusada de burguesa u ombliguista, sentir contrario al espíritu del poemario, pues Estación de los desamparados en su totalidad, navega contra lo cerrado, metatextual y autorreferente, entregando un sentir eminentemente cronístico y testimonial, focalizado en lo experencial o extraliterario.

De cualquier modo para no caer en acusaciones y satanizar el compromiso ético que desde su propuesta estética pueda tener Lihn, es necesario recurrir a dos documentos, algunos versos del aludido poema Porque Escribí y un fragmento del artículo LOS LIHN: CONDENADOS A LA IRREALIDAD escrito por Cristián Warnken Lihn, sobrino del poeta, profesor de lenguaje y conocido animador de la televisión (la belleza de pensar y la belleza nueva). Estos entregan algunas pistas para comprender el sentir de Lihn ante la realidad, la vida y la muerte y contribuyen además a dar otro empujón al carácter polifónico de esta lectura, agregando una tercera voz.

Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos

(Fragmento de Porque Escribí)

LOS LIHN: CONDENADOS A LA IRREALIDAD (fragmento)

(..) Los Lihn, cada uno a su manera, son habitantes de una “irrealidad” muy propia, de una distancia irónica frente al mundo práctico, todos han sido víctimas de esa “rugosa realidad” de la que hablaba Rimbaud. Lihn escribió un hermoso poema sobre Angélica -su hermana y mi madre- que muestra a una fantasmal adolescente caminando por las calles de París, extraviada, ausente. El poema dedicado a mi madre es un autorretrato del propio Lihn y de su propia manera de viajar, y recorrer las ciudades, como un espectador situado y sitiado por la memoria y las trampas de la infancia y el lenguaje. Él escribiría después París, situación irregular, cuaderno que muestra un París más vertiginoso, más “posmoderno”, pero no por eso más real. Lihn nos hace sentir que todas las ciudades son proyecciones de la memoria, que todo lo transforma, y que no hay presente ni pasado posibles, atrapados como estamos por las labilidades del deseo, eternos niños que juegan en “la pieza oscura” de la realidad. (…)

Queda claro que para Lihn, la realidad y la existencia no se puede concebir sin la escritura, sin el tamiz de las palabras por muy enemigas que resulten a veces, eso lo vemos en el fragmento seleccionado de Porque Escribí.

Me condené escribiendo a que todos dudarán de mi existencia real. La escritura, su escritura se impone al ser, al punto de llegar a negarlo, de modo que el arte no sólo reafirma al autor sino que muchas veces también lo borra, lo tacha. Algo anecdótico que puede vincularse y contribuir a un mejor entendimiento de esta problemática, se da en torno a todas las existencias que el poeta como un pequeño o gran dios de las letras realizó al dar vida a seres como Gerardo de Pompier, sátira mordaz de la intelectualidad hispanoamericana, o por ejemplo al hacer pensar a los chilenos que el poeta viñamarino Juan Luis Martínez, no era más que otra de sus invenciones, al profundizar sobre la nueva novela de Martínez en el ensayo Señales de ruta. En esto hay que entender finalmente que la autonomía de la palabra se impone a la biografía del creador por ello en ese vivir/escribir, días de su escritura solar del extranjero, hay que posicionar el origen y existencia de toda realidad escrita y re-escriturada por Lihn.

En ese devenir existencia/escritura de Lihn, el poemario Estación de los desamparados desde el título, va más allá de lo material, por tanto la realidad para el autor es más compleja que lo que atañe a una mera dialéctica histórica. Como ya expuse en un comienzo “estación y desamparados”, no sólo denota un sitio sino que connota al universo humano por completo y por ende a la propia estación de Lihn, a su vida desamparada y a la condición precaria que todo hombre, escritor o no escritor, sufre, y en ese sumar de realidades hay que pensar la condición política de Latinoamérica y en específico del Perú, ese Perú del 72 entendido a la luz de este poema como una realidad fantasmal que sólo cobra vida en la palabra, pues la escritura realiza al mundo y da vida a las existencias, las sitúa en la memoria y dialoga con los idiolectos del eventual lector.

De modo que la Estación de Lihn en el Perú, cruda, realista. polémica, ofensiva, barbarizada y romantizada es Lihn, Lihn y su genio en un lugar irreal como todos los lugares y objetos que aunque eventualmente llegan a tener esencias, nombres y verosimilitud, es tan sólo porque todos los residentes y habitantes los leemos y escribimos en el vivir/escribir diario, de modo que todos servidos y servidores pasarán en esa escritura, escritura que paradójicamente quizá nunca tenga destinatario, por tanto por mucho esfuerzo que hagamos, por muy duro que sea nuestro intervenir no cambiará en nada la suerte de las cosas, estas se vivirán, se escribirán, se leerán pero no cambiarán su destino irreductible sustancialmente vinculado al natural proceso de afrontar la muerte, y aún cuando de los hechos históricos, políticos y poéticos surgán nuevas vidas y escrituras, ello no hace más que perpetuar esta ilusión en la palabra, este sueño Kafkiano compartido, personal o quizá negado y condenado a existir tan sólo en las páginas privadas de quien les dio vida y tuvo vida gracias a la magia de la poesía y el poder que el rito solitario de vivir/escribir tiene sobre la muerte para robarle uno que otro secreto antes de que venga a reclamarnos.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en Cinosargo

Visite la Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.


miércoles, 28 de enero de 2009

Breve Biblioteca de Enrique Lihn

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La Pieza Oscura (descargar)

Paseo Ahumada (descargar)

La Musiquilla de las pobres esferas (descargar)

Diario de muerte (descargar)

Señales de Ruta (descargar)

Comic (descargar)

Poesía de Paso (descargar)

Compilación (descargar)

A Partir de Manhattan (descargar)

Lihn y otros autores, experiencia autoritaria (descargar)



martes, 27 de enero de 2009

Hacia una interpretación Lihn-güística de: TV

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En esta oportunidad el poema de Lihn a intervenir se titula T.V y corresponde al libro “A partir de Manhattan”, publicado en Chile en 1979 y por tanto fuertemente influenciado por el viaje que el autor realizara un año antes a Nueva York gracias a la beca Guggenheim que se adjudicó durante el 78 y aunque posteriormente el poeta volvería a Norteamérica, este poemario en la tradición dialogante de su obra en torno al viaje, refleja con nitidez, desde el título, una serie de sentimientos e impresiones disímiles que se conjugan producto de su significativa estancia en la gran manzana: nostalgia, extrañamiento, apabullante duda, proyección ante una desconocida realidad, aislamiento ante lo moderno y soledad producto de la decepción que genera el nuevo sitio, el cual afecta al poeta hasta en sus mínimas diferencias y no menos extrañas similitudes. Esto recuerda un poco a lo vivido por Lorca a principios de siglo. La experiencia del español ante la gran ciudad se ve retratada en su maravillosa obra Poeta en Nueva York.

Al igual que el del 27, Lihn consigue que sus sensaciones, atribuibles al yo empírico se materialicen eternizándose a través del lenguaje poético lo cual crea un discurso definitivo y supremo que da origen por momentos a un hablante testimonial, luego clínico, capaz de diseccionar el mundo con sus juicios aunque sin perder aquellos rasgos míticos y elementos universales que son atribuibles a la autonomía literaria que le granjeara el apelativo de poeta Metafísico.

La mirada que Lihn da con respecto a la gran ciudad es hermosa y a la vez inquietante, calles, metro, catedrales, así como la actitud de los norteamericanos de la gran manzana, todos elementos que se presentan en este libro poniendo al desnudo el paso de los 70 a los 80, el self made man con todas sus contradicciones así como el sueño americano y sus ideales de libertad, que transita en los límites del cosmopolitismo sin fronteras y el absurdo de su implosiva violencia y represión.

Dios escupió y el hombre se hizo
El hombre eyaculó y el esqueleto cartilaginoso
de una mujer llamada Isabel Rawsthorne apareció en una
calle del Soho
charcos de carne membranosa transparentándose en lechos
clínicos.
Isabel Rawsthorne, esqueleto cartilaginoso de las calles del
Soho
Una cara como un vómito
como una plasta que el ordeñador sanguinolento de lo real
pisotea con sus patas de vaca.


Esa sensación ante el mundo es la que quizá lleva al poeta a comulgar con la sensibilidad del pintor Edward Hopper, lo cual se expresa en el poema que toma el nombre del artista.

rígidos encuentros entre maniquíes vivientes
La luz extraterrestre con que empieza un domingo
sin fin o el resplandor de unos rieles crepusculares
eso pintó: un camino sin principio ni fin
una calle de Manhattan entre este mundo y el otro.


Curiosamente Lihn demuestra aquí lo que ocurre a muchos artistas de la palabra frente a la pintura. Se explicita en un sentido Wittgensteiniano la desconfianza ante su pensamiento y lógica atravesada por el poder del lenguaje, no pasa así con el arte pictórico que en su inmensa capacidad de retratar desfigurar o transformar la realidad expresivamente y con recursos de estilo, logra una polisemia igual de incierta que la poesía – los léxicos e ideolectos se disparan ante la confrontación de un mundo sinestésico de formas imágenes y colores, metáforas del universo que sin embargo en un lienzo, se presentan con menor polución a diferencia de la prosa y lírica, que por mucho que procure subvertir el código, el virus lexical y la sintaxis no desaparecen.

Esto último vinculado a otro poema del libro “A partir de Manhattan” llamado Nunca salí del horroroso Chile (fragmento transcrito a continuación) nos permite extender la problemática del encierro que sufre el artista de la palabra.

Nunca salí del habla que el Liceo Alemán
me inflingió en sus dos patios como en un regimiento
mordiendo en ella el polvo de un exilio imposible
Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor:
el miedo de perder con la lengua materna
toda la realidad. Nunca salí de nada.


La crisis que expone ante los límites de su lengua materna, su dialecto y la forma en que esto coarta su pensamiento, nos refuerza la idea y asombro del artista literario por la figura del pintor, pues la imagen pura trasparenta y pone en perspectiva su capacidad y recurso comunicativo como poeta – esta afirmación no implica que un arte sea mejor que el otro a mi juicio o el de Lihn, pero el poeta chileno como Beckett y muchos más, sabe que su gran arma y cruz es la lengua por ello continua, continua frente y por ella como el innombrable, personaje del Irlandés y protagonista de la novela que recibe aquel título (L'Innomable) Este sufre con la palabra pues es todo lo que conoce y le permite conocer.

Lihn por su parte también sufre esa palabra, es su pasión en el sentido más extenso de lo que entendemos por pasión, ya que su educación, pensamiento y visión forjada en Chile, en el liceo, en el hogar, lo aísla; aún cuando él, como persona salga de las fronteras físicas e intelectuales del promedio nacional. El chauvinismo, las letras del himno, el discurso tallado en la memoria lo hacen un meteco o extranjero en todo sitio, foráneo siempre atado la cordillera, a su colegio, a las calles de su capital o provincia. Aquel coloquio y cabildo patrio.

Sin embargo hay que aclarar que por mucho que el libro “A partir de Manhattan” de a conocer todas estas vicisitudes, no estamos ante un amargo canto al encierro y la autoconmisceración, es sólo la voz de una mente que se reconoce con plenitud en todas sus facetas, hombre, ciudadano de un país, persona de un continente y finalmente como habitante y ser en el mundo con una visión oponible capaz de afectar al otro, esa alteridad que no está menos encerrada que uno en su sistema o lengua, en este caso el inglés de Shakespeare, Milton, Faulkner, Melville, Whitman, Thoreau o Ezra.

Por ello el poema “Nunca salí del horroroso Chile”, bien entendido, deja en claro un sentimiento de desazón generalizado y muy humano, el cual orbita en torno a un aislamiento interno pero no por ello menos ligado a la realidad material de cada nación y su forma de vida y es en esta disyuntiva, en esta delicada frontera entre las dos realidades que colisionan, intima y externa, que Lihn construye desde el yo empírico una voz poética que se universaliza; pues su mirada de Chileno afecta a la del norteamericano, a la del gringo en Manhattan; y cada uno de estos bajo su noche de cincuenta estrellas comparten con nosotros la condición común de las franjas rojiazuladas, lo cual no nos hace tan irreconciliables pese a que en nuestro caso, dormimos sólo bajo una gran estrella distante.

Considerado ello, vale la pena preguntarse. ¿Dónde empieza uno y termina el otro o dónde lo personalísimo entra a definir lo global? Ello sólo está en la visión más amplia o estrecha de cada hablante y Lihn como gran hablado nos comunica desde su chilenidad y ante todo, gracias a su humanidad, un poema que ejerce la función de grabación o capsula del tiempo. T.V es una certera y crítica mirada, casi podríamos decir profético recorrido por los años 80 (estamos hablando ya casi de 30 años de vigencia) con respecto a ese otro, U.S.A que mira y afecta a muchas naciones y sus habitantes con su política, costumbres e ideología.

Después de este preámbulo, vuelvo a las primeras líneas del artículo pero ya justificado el porque elegí entre tanto gran poema de “A partir de Manhattan” la pieza titulada transcrita a continuación, la cual se titula T.V

Como los primitivos junto al fuego el rebaño se arremansa
atomizado
en la noche de las cincuenta estrellas, junto a la televisión
en colores.
De esa llama sólo se salvan los cuerpos
En cada hogar una familia a medio elaborar clava sus ojos
de vidrio
en el pequeño horno crematorio donde se abrasan los sueños.
La antiséptica caja de Pandora
de la que brotan ofrecidos a la extinción del deseo
meros objetos de consumo
en lugar de signos, marcas de fábrica
Hombres y mujeres reducidos por el showman a su primera
infancia
ancianas investidas de indignidad infantil
juegan en la pantalla que destaca sus expresiones inestables
como la de las cosas en el momento de arder.


Para analizar este poema no procederé como en el caso de Las Sirenas a la descomposición del texto pues la pieza por completo está orientada a una sola idea que se bifurca polisémicamente, esto quiere decir que el autor conjuga una serie de visiones disímiles o posibilidades para el lector, estrictamente tres (puede que hayan más, la poesía siempre deja campo abierto en función de la enciclopedia del lector y siempre el autor dice más o menos de lo que anhela pero estaríamos forzando la obra) por eso sólo señalaré las tres que yo, en mi lectura considero: primero hogar, luego fuego como energía y elemento natural y finalmente consumo que a su vez se refiere al término económico de gastar y por ende consumismo y así mismo al efecto del fuego de reducir los cuerpos. Todo ello desde un solo centro, de manera que Lihn no contrapone dimensiones opuestas del sentido que se van complementando en el cruce sino que desde un solo tallo extiende un racimo de significados que operan connotativamente y de acuerdo al contexto general a la par que van creciendo lo que el eje central del poema propone en un principio.

Es por ello necesario antes de proceder al método de intervención semántica, aclarar como Lihn realiza dicho juego. Para mantener una unidad que luego se disemina, el poeta vincula como ya señale tres campos semánticos o tres familias de significados, a través de la repetición de un único conjunto de palabras fácilmente asimilables bajo la idea general de fuego: Fuego, llama, horno crematorio, abrasan, extinción, reducidos y arder todas estas tienen una fuerte preeminencia en el poema (están marcadas con negrita) y son manifestaciones del fuego uno de los tres significados, quizá el más directo pues el poema explicito presenta efectos y resultados de la influencia de este elemento al destruir los cuerpos o tornarlos cenizas, allí ya aparece una idea de consumo pero qué hay de las otras dos, consumo como estilo o sistema económico de mercado y el otro significado propuesto, quizá el más rebuscado en apariencia: hogar.

Bueno, curiosamente las palabras aludidas al entrar en comunicación solidaria por medio de los versos se complementan entre sí, a veces reforzando de lleno uno de los tres sentidos propuestos para el conjunto por ejemplo fuego, otras la relación da un giro y se centra en otro significado bastante alejado como hogar o en dos al mismo tiempo, hogar junto a fuego, probando que no están realmente tan separados entre sí, en el análisis se verá esto más claramente, lo interesante es considerar que siempre se mantiene la ligazón en función del contexto total. En fin hay que destacar que la polisemia, o multiplicidad de significados, al partir de un solo elemento; nunca se desvía tajantemente de la propuesta global que Lihn hace con este poema.

Partamos con el primer verso “Como los primitivos junto al fuego el rebaño se arremansa atomizado”. Este nos presenta la idea de fuego como energía natural remontándonos al descubrimiento que hicieron nuestros primitivos antepasados y es, bajo esta misma idea, que el fuego como elemento natural toma la connotación de hogar, misma que posteriormente se reforzará en el resto del poema y que parecía tan alejada en principio.

Y por qué hogar, porque la palabra hogar, deviene de hoguera, lugar donde se prendía el fuego, así también el vocablo lar, que significa hogar, era para los romanos el espacio para atizar el fuego, por extensión se llama casa al hogar, por ser el lugar de reunión de la familia en torno a una chimenea o caldero. Y es que el fuego para los primeros hombres fue el mayor medio de asentamiento. Les dio cobijo y protección contra el frió, los apartó de las inclemencias de la oscuridad, la noche y el peligro de las bestias, el fuego fue como un dios que proveía, abrigo y alimentos cocidos. Lihn retoma esa idea en este verso y el que sigue, pues señala que como los primitivos ante el fuego, las familias de hoy se reúnen pero en una situación contradictoria, no como individuos sino como masa, como rebaño, lo cual conlleva una carga peyorativa, pues están cuasi-hipnotizados, dirigidos y peor aún el señala “atomizados”, eso quiere decir como una masa dispersa, ambiguo pero posible, pues es un masa que fragmenta al individuo que aglutina pero no une, sólo son cuerpos yuxtapuestos. Es un apelotonamiento de seres sin identidad reunidos, pero ¿ante qué?, ¿ante el fuego? y ¿dónde están reunidos?, las respuestas llegan pronto al leer el segundo verso. “en la noche de las cincuenta estrellas, junto a la televisión en colores”.

La noche de las cincuenta estrellas se refiere a la noche de Norteamérica, la bandera de estados unidos tiene cincuenta estrellas una por cada estado, así que Lihn se refiere a la noche de todos los estados federales del país del norte. Es una situación endémica, generalizada, esta de los cuerpos sin identidad aglutinados ante el fuego, pero volvamos a ello, ¿a qué fuego? pues no es el fuego natural que en un comienzo nos anticipa Lihn, es ciertamente un elemento congregador ese que alude, ese que lleva a los hombres a reunirse de manera sedentaria. Tal como los antepasados, pero bajo otras condiciones; la energía es ahora artificial, es eléctrica y en específico lo que los aglutina es un producto de esa energía, mecanismo que significa el advenimiento de la modernidad y los medios de masas, se trata de la televisión o T.V a colores.

Lo cual nos lleva a los tres versos siguientes “De esa llama sólo se salvan los cuerpos
En cada hogar una familia a medio elaborar clava sus ojos
de vidrio en el pequeño horno crematorio donde se abrasan los sueños”.


Estos contienen tres palabras nuevamente relacionadas con el fuego, llama, horno crematorio y abrasar, de quemarse en las brasas, lo cual nos remite hacia atrás, a la condición de aquel rebaño, a su cualidad de pulverizados, de atomizados por este medio, lo que a su vez implica el tercer campo semántico: el consumo, pues ya revisamos, el hogar y el fuego como energía natural y su par opositivo, la metáfora que Lihn hace con la T.V como energía artificial.

El consumo se presenta entonces en estos versos en un sentido alegórico, pues bien sabemos que el fuego es una de las fuerzas más poderosas de la naturaleza capaz de destruir un cuerpo en segundos, de reducirlo pero qué hay de la energía artificial, de la televisión ¿tiene ese poder?, y ¿qué afecta? Según Lihn lo tiene, pues señala que la caja tonta es un horno crematorio el cual produce un osario con las ilusiones por ello afirma tajante que de esa llama que es la televisión ante la cual las familias o el rebaño sucumben, sólo queda intacto el cuerpo, el problema se vuelca entonces a la tradición metafísica del poeta, pues su hablante mira más allá del consumo material, del desgaste del cuerpo, del sedentarismo, se trata de la muerte del pensamiento, de la mente ante el bombardeo de imágenes, el consumo está entonces enfocado al poder convocador y dirigista de la televisión, parte integral de un sistema consumista de mercado, plástico, materialista e incluso imperial.

Lo cual graciosamente podemos llevar de nuevo de la metáfora a lo tangible del fuego pensando en como destruye la materia este elemento y desde allí pensar una nueva metáfora, la de estas mentes y cuerpos que se inmolan, que se sacrifican en el fuego corrosivo de la imagen, del producto, del sistema y de la receta consumista de éxito, no por nada pone esa idea de hipnosis en la descripción que realiza su hablante al decir “con los ojos clavados en el vidrio” y señalar en la frase que antecede “familias, grupos a medio elaborar”, se trata de personas incompletas, seres inconclusos, carentes, adolecen y por ello buscan suplir su necesidad con ayuda de la caja.

Esto involucra en tan sencilla y definitoria idea del poeta toda una gama de problemáticas sociales propias del sistema norteamericano y mundial, familias monoparentales, incapaces de lidiar con la crianza de sus hijos, el divorcio, la violencia y un relativismo moral que supera la conciencia de los usuarios del sistema, los esteriotipos los despedazan, las modas determinan sus conductas y personalidades. Este sistema es alienante, vuelve desconocidos a las personas, interviene la comunicación y fuerza a cada uno a vivir por los productos, por lo aquello que las imágenes venden como felicidad, y al ser educados por ese mismo sistema no disciernen, no deciden más que en función del costo beneficio del mercado. El televisor se vuelve el padre, maestro, amigo, confesor, horca y desahogo de las personas que no meditan más allá de lo que la pantalla les provee; ese gran hermano que te vigila y te lleva de la mano al horno, al holocausto de las almas y las voluntades.

Pero Lihn no queda allí, el siempre debe agregar un elemento mítico, universal, tomado de sus lecturas y su gran conocimiento de las artes y la cultura occidental. “La antiséptica caja de Pandora de la que brotan ofrecidos a la extinción del deseo meros objetos de consumo”

Quizá este verso puede parecer una frase perdida o forzada dentro de un poema que trata algo tan mundanal como la televisión sin embargo no es casualidad que ambas sean cajas, cajas que contienen información que una vez abiertas o encendidas afectan al hombre y no hay vuelta atrás, ambas son cajas con sorpresas y son trampas de fines superiores, en el caso del mito de Epimeteo y Pandora se trata del poder de los olímpicos que querían vengarse de la astucia de los hombres representados por Prometeo, el hermano sabio de Epimeteo casado con Pandora.

En el caso de la T.V se trata de otras fuerzas, los consorcios, las universidades, el estado, los privados que son dueños de los canales, de la programación de eso que paradójicamente se llama parrilla programática, otra alusión al fuego, a las brasas, al consumo.

La idea de Lihn entonces es revisitar intertextualmente a Prometeo que es todo lo contrario a su hermano, el poeta introduce a esta figura mítica como un contraste pues Epimeteo es cobarde, débil, insensato, es el prototipo del usuario televisivo que se deja engatusar por los infomerciales, por la idea de belleza prefabricada, Pandora creada por Hefestos para deslumbrarlo, en cambio Prometeo es aquel que vive en busca del conocimiento, el eterno buscador de interrogantes que se revela a los dioses y los poderes fácticos, es el autodidacta por antonomasia, aquel a los que temen los poderes y los medios y aquel que dejan en la periferia o lo encadenan pues a alguien con ese perfil, no pueden conminarlo con su programación, es inmune a sus mecanismos y por ende peligroso.

En definitiva Lihn pone el mito para ponderar a los tipos de hombres que hay y también por que una vez abierta por curiosidad la caja de Pandora, se escapan todos los males del mundo

En este apartado debo recalcar que Lihn difícilmente es un moralista, por tanto no considera el tema de la T.V, el consumo y la influencia que tiene el medio sobre los hombres en términos de blanco y negro, bueno o malo, sin embargo es un critico duro de una sociedad disgregada como aquella que vio en ese tiempo, los 80 (pensemos que pronto aparecería MTV, el rey del pop, la chica material y el boom del merchandising de Star wars ya era prueba infalible de todo un engranaje de consumo) Muy similar a lo que vivimos hoy como nuestra rutina y con lo mayor naturalidad pues está asumido. De forma que vivimos en un mundo relativista y Estados unidos siempre lo ha sido bajo su modelo de hacerse uno a sí mismo de cero, de ser la tierra de los sueños, las posibilidades y la libertad, pero es en este ultimo valor que reside como contraparte una mayor responsabilidad sobre todo ante la información, los medios y no sólo por quienes fijan la programación sino principalmente, por parte de los usuarios. De lo contrario estamos ante victimas indefensas y desvalidas de aquella caja sucia, contaminada en la medida que libera todo lo imaginable, lo mejor y peor sin concesión para el receptor, por eso la frase de “ella brotan ofrecidos a la extinción del deseo meros objetos de consumo”, por que la televisión siempre venderá, más allá de comunicar, pues para ser viable y solvente necesita patrocinadores, publicidad, apoyo financiero para transmitir.

De ahí nace el siguiente verso, “en lugar de signos, marcas de fábrica” alusivo a la gran cantidad de productos o soluciones milagrosas que vende la T.V los infomerciales, los recetarios de felicidad, la autoayuda, las sectas milenarias, el horóscopo, la farándula el modelo de belleza y adecuación social, el discurso políticamente correcto, los matinales, el amarillismo, las noticias alarmistas que siembran miedo, y paranoia, todos son signos pero no abiertos a interpretación, son marcas que buscan un pensamiento automatizado como el del reduccionismo lingüístico que Orwell plantea en 1984. No quieren espacio para el discernimiento marca y logotipo= éxito/placer, no marca = fracaso/dolor y en esa misma instancia, Lihn pone en la palestra a uno de los personajes mas arquetípicos de la televisión norteamericana y su estándar programático, el showman, que podemos visualizar desde Ed Sullivan a Jhonny Carson y luego Jay Leno o David Letterman con sus versiones criollas como Don Francisco o Morande, que juegan con la estupidez, la ignorancia y necesidad del publico o el concursante.

Sin distinguir edades ridiculizan en un grotesco carnaval a las personas, lo que realza la idea de rebaño ante este pastor que tiene para dirigir las conductas un cuadro luminoso que dice aplauso de manera que el público surumbático se para y grita como monos al ritmo del sonsonete de sus estrategias de director del circo

E ahí el poder de los últimos versos “Hombres y mujeres reducidos por el showman a su primera infancia ancianas investidas de indignidad infantil juegan en la pantalla que destaca sus expresiones inestables como la de las cosas en el momento de arder”. Ya no estamos ante sujetos sino objetos, producidos moldeados en serie, son mentes deformadas que gracias a intereses netamente bursátiles y plásticos son enviadas al horno e inmoladas por un fin superior, el dirigismo mercantil, el poder de los inversionistas y sus acciones.

Lo cual da un sentido mayor a la frase atomizados, pues basta con recordar los 90, algo que Lihn no alcanzaría a ver pero que a grandes rasgos anticipa con su texto. Pensemos en la guerra del golfo, aquel simulacro televisado y que llevó a CNN a consagrarse como una de las cadenas más exitosas en la tarea por exponer la verdad, una verdad que sólo tiene asidero y valor en la medida que está en la pantalla y desde allí es transmitido a las retinas que pueden ahora, ver desde la comodidad de sus asientos como un átomo pulveriza al mundo en segundos.

De manera que lo que Lihn señala sobre la noche de las 50 estrellas es vigente y más aún, podemos replantearlo pensando en nosotros mismos y ya no solo en la T.V sino Internet, al visualizar como toda una generación ve resumida su infancia en un video de you tube que en menos de cinco minutos condensa las imágenes y sonidos de las series y dibujos animados con que creció, la nostalgia y memorabilia circulante es abismal, el espíritu retro y vintage inmenso, y todo se conjuga a través del merchandising y las modas recicladas pues ahora la T.V no vende sólo existencias externas a sí misma sino que ejerce una función podríamos decir metaléptica pues rompe los niveles de realidad y se vende a si misma, vende productos que ya transmitió y se explica y presenta una problemática que se genera en el mismo medio para luego ser noticia, por tanto a nivel mundial vivimos una revolución e invasión mediática, somos parte de ese rebaño aunque nos duela admitirlo, estamos pulverizados, y el problema del lenguaje que Lihn plantea en “Nunca salí del horroroso chile” ya no es una limitante pues esta cultura del consumo tiene los medios para traducir sus productos y medios de venta a los códigos de cada nación, por eso hoy la empanada se produce bajo los mismos mecanismos que una hamburguesa de MacDonalds y Condorito es parte de Microsoft, Lihn mismo esta en you tube como curiosidad, al igual que Lira en cuanto vale el show y la mente y alma humana en ese proceso de mediocrización y manejo que pretende limitar la responsabilidad, juicio y voz, es un bombardeo de napalm diario en una noche de 50 estrellas que ya no son estrellas sino satélites que globalizan a aquellas masas divididas de antaño para llevarlas cantando y de la mano directo a un Auschwitz de las conciencias y voluntades.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado originalmente en La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.



lunes, 26 de enero de 2009

Hacia una interpretación Lihn-guística de las Sirenas por Daniel Rojas Pachas

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Hacia una interpretación Lihn-guística de las Sirenas por Daniel Rojas Pachas


Este texto no persigue abarcar y menos aún agotar la obra de Enrique Lihn, eso sería sumamente soberbio por no decir imposible, ya que este escritor chileno en vida, deambulo con gran talento por todos los géneros y medios, narrativo, drama, audiovisual, cultivo el happening y la crítica de arte, pero fue en la poesía, ámbito privilegiado de su potencial creativo, que con especial elocuencia por cerca de cuarenta años logró edificar, sostener y trasmitir a través de la palabra un universo de sensibilidad y pensamiento inconmensurable, no en vano ha sido calificado por otros poetas y críticos de todas las lenguas como el más metafísico de nuestros líricos o el más lírico de los poetas metafísicos.

Sin duda Lihn es hoy en día, una de las voces poéticas más importantes de Latinoamérica capaz de conjugar su intelectualidad y dotes de gran lector con una enorme y directa franqueza para interpretar la realidad y el conflicto del hombre en toda su magnitud. Entre verso y verso Lihn teje una compleja red que te atrapa pero no te sofoca, te deja respirar y reflexionar sobre tu situación, la del mundo, y en ello transitan temas tan variados como la memoria y la carne, los sueños de infancia y la infranqueable precariedad del ser.

De manera que leyendo su poesía, el lector puede destornillarse de risa y de pronto sumirse en el patetismo mas hondo al ver reflejado con estilo, nuestra cruenta y absurda condición de monos conscientes que usan pantalones

Hecha esta sencilla introducción (que trata con dificultad de hacer honor a Lihn y su obra cuando el verdadero honor esta en leerlo) declaró que la intención de este escrito titulado “Hacia una interpretación Lihn-guística…”, no lleva el encabezado por mera casualidad, lo que se persigue es plantear sin pretensiones científicas o académicas, una posible lectura, entre muchas, en torno a su poesía, y en esta ocasión en específico, atender al poema “Las Sirenas”.

Busco en gran medida entregar mi apreciación como lector, como receptor empírico del yo poético que establece Lihn, dirigiendo la interpretación desde la más abierta percepción e intuitivismo sin perder de vista las estrategias textuales del chileno y su riqueza estética y sentido pragmático, producto de intervenciones mecánicas y estructurales de la teoría y sus métodos clínicos.

Para el análisis dividiré el poema en tres unidades semánticas como muestra la trascripción

Las Sirenas.

/ Hemos llegado sin saberlo a viejos /

/ Las hermosas mujeres de treinta años
se nos van de las manos, nos conceden
el abrazo y el beso y el oleaje
se retracta, alejando esos ramos marinos
de ojos verdes y azules, que espuman otra orilla
de la rompiente a la que ya no llegamos /

/ Vienen en lugar suyo las sirenas
arrastrándose a hacernos compañía
cuando es la bajamar y derriten la cera
de los oídos en un bar nocturno
y desamarran del palo mayor
a Ulises el anciano
que, cansado de haberlos oído solamente
por fin cede al deseo de ahogarse entre ellas./

Autor: Enrique Lihn (Chile 1929-1988)

El poema parte con una actitud empática y conminativa del hablante lírico que se incluye y compromete como parte activa de su enunciado desde un nivel personal, la primera unidad semántica nos habla desde un “nosotros hemos” esa vejez a la que hace alusión la comparte el yo de la poesía con los otros, con todos los que haciéndose parte de su mensaje sufren la sorpresa de ver enrostrada la impotencia y la magnitud ensombrecedora del agotamiento. Las fuerzas ceden ante el discurrir de los años y el reloj no cesa en su cruzada.

Ese pesar aumenta en la siguiente unidad semántica, Las hermosas mujeres de treinta años se nos van de las manos este verso califica y complementa al primero, podríamos hablar entonces de perdida de la virilidad, de manera que el hablante es un hombre que añora y al cual minan su energía la belleza y juventud de fértiles mujeres que quizá antes pudo tener. Sin embargo hay que destacar que en este fragmento no se hace sólo alusión al sexo y continente carnal, delineando una sencilla muerte de la vida sexual y erotismo del hablante, lo mismo se aplica para todos aquellos que se identifican con su llamado inicial.

La reflexión frente a la mujer se vuelve vital pues la figura de la fémina orbita en torno a la mirada, experiencia fundamental en la comunicación, mediante esta, el otro nos es presente como realidad, conciencia y subjetividad que se nos opone, valora, enjuicia o simplemente determina, de forma que al señalar que esos ramos marinos de ojos verdes y azules se alejan hacia otra orilla, se está aludiendo a una condición metafísica de la relación con la alteridad, algo más intimo, afectivo, definitorio para la consciencia del yo, y los límites que hay para vincularse a otra persona en su totalidad, en este caso a una mujer que el “yo” podría definir, desafiar, extasiar y viceversa. De modo que este ser, que ahora se declara viejo, reconoce con asombro y dolor su cada vez más limitado atractivo para la mirada, debido a la apariencia externa de su alicaída carcaza.

Al buscar otra orilla, otra mirada, otro ser, estas mujeres y su presencia elusiva confinan a los viejos hombres a otro extremo, al hermetismo de la otra costa, desde la cual sólo y voyerista, ignorado el hombre no se puede comunicar. Esta perspectiva se complementa simbólicamente con el ámbito marino que nutre a los versos de esta segunda unidad.

El mar representa, por un lado vida, liquido amniótico, oxigeno, pero en la medida que aquí nos referimos a un abandonado, a un naufrago, vemos la contraparte, la nada, la muerte inmensa en esos fondos inciertos y abisales, un horizonte monocorde y vacío que atrapa a los hombres en su vejez solitaria sin mayor posibilidad de comunicación que el solipsismo integro del desfallecer consciente, tal como señala el primer verso, en el cual el hablante declara cada vez, sentirse arrojado con mayor violencia a la nada de su ser y es que por mucho que vaya en nado a contracorriente en este océano del olvido, las fuerzas de antaño ya no están.

Lihn hasta este punto, presenta la crisis del hombre maduro enfrentado a la soledad y al devorador sentimiento de decrepitud e impotencia, el poeta no nos saca del ámbito mundano, la poesía sigue moviéndose en el terreno del día a día, de algo que todos tendremos que experimentar en algún momento. Pero el poema, en crescendo en cuanto a su significación no culmina encerrándose en los bordes de un dilema físico con connotaciones metafísicas, Lihn introduce en la siguiente y última unidad el mito y uno de los temas recurrentes de su poesía el viaje.

Y aunque en la primera parte atestiguamos el fin del viaje existencial que a todos nos espera, aquí el autor hace de manera explicita primar el tópico literario que asociamos a Dante y muchos más, la inteligencia de Lihn como lector introduce el conocido fragmento de la Odisea de Homero en que Ulises para escapar del canto de las sirenas se ata a un mástil y echa cera en su oídos. Este pasaje ha sido tratado de forma intertextual y deformado por otros autores con fines múltiples, desde Kafka hasta Denevi en sus Falsificaciones, Lihn no se queda atrás y se apropia de lo dado culturalmente por el genio griego y asocia a las sirenas con su primer tema mundano, aquí estas mujeres de la fantasía mítica representan la imagen quimérica, la utopía del viejo, podemos decir que se trata de una mujer universal, una imagen ligada a la memoria y el delirio que viene a reemplazar a la mujer física como una necesidad mental de recurrir a un paliativo a un oasis de belleza en el desespero por compañía y comunicación que este naufrago solitario y desfalleciente reclama, sin embargo eso sería muy sencillo y Lihn no se queda en el simulacro de mujer, pues aunque ya nos saco medianamente del campo meramente humano al introducir lo mítico y literario, usa de anclaje hacia sus primeros versos la siguiente construcción: y derriten la cera de los oídos en un bar nocturno

Apropiándose del mito reconstruye este para asentar lo universal y sus criaturas en lo mundanal, de forma que las sirenas con su canto no son sólo un paliativo sensorial y soñado producto de la necesidad del hablante solitario, estamos ante otro tipo de mujer una real, carnal que se entrega física en su plenitud y que libera al yo de la incomunicación, de esa soledad nocturna que se ha vuelto permanente y endémica para el naufrago. La esporádica y generosa compañía se produce en un bar, elementos todos que conjugados permiten extender el campo semántico a fin de que cada lector rellene con su enciclopedia el poema a partir de aquel fragmento breve y subrepticio, la fabula del “yo” termina fuera de la pieza lírica y en la mente de cada receptor, gracias a un verso ancla que es a la vez puente a otra historia inconclusa e igual de perpetua que la soledad del yo envejecido. La del mundo bohemio, de las damas de compañía, los noctámbulos y aquellos que compran amor y una caricia o comparten una charla perdida y aletargada pero fugaz en algún hueco perdido.

Sin embargo el poema no concluye hasta que Lihn retoma por completo la figura de Ulises. De vuelta al mito el poeta trabaja el sentido del intertexto y el héroe de Ática aparece en su voz anciano, igual que su hablante y todos aquellos que fueron conminados al principio. Ulises como estos hallará en las sirenas refugio a su viaje, a su odisea existencial la cual estuvo plagada de mujeres fértiles, Circe, Penélope, Calipso y Nausica, sólo que de pronto cansado y harto, la versión del creador de Gerardo de Pompier nos revela a este arquetipo universal de la aventura y astucia humana, capacitado originalmente para sortear el peligro en las fauces de Escila y Caribidis, descender al inframundo y derrotar a Polifemo desafiando a los dioses, con las características de un mortal común, amilanando y ubicado en la otra orilla, lejos de la mirada de todas estas mujeres hermosas y sabias que cruzaron su recorrido. Incomunicado el poeta nos lleva a pensar que si el prototipo de héroe cae, qué queda para nosotros, viajeros menos ilustres, pero viajeros al fin y al cabo.

Ulises cede en su odisea ante la materialidad o la ilusión de estas perfectas criaturas y el poder de su canto, mismo que un momento, potente, soberbio y febril, Ulises rehusó, pero que ahora deja que lo envuelva, que lo ahogue, colmándolo. Así termina el mito, este nuevamente se une con la realidad primera y descarnada que nos muestra como el rumor del canto de estas fieras marinas nos enseña cuan lejos un Ulises, el yo inicial y todos los que con él se identifican, están con respecto al hombre que fueron; lo que en una ultima instancia hace de las sirenas, no sólo una ilusión quimérica o memoria requerida, o quizá esa mujer esporádica que suple precariamente la necesidad física e inmediata como dama de compañía. Ellas se revelan por sobre todo como emisarias de la muerte, mensajeras del fin, de ese vacío insondable que es la nada marina e incierta. Lihn demuestra así en este poema la magnitud de su lirismo, de su genio poético que transita entre lo mítico universal y lo mundano del día a día, la experiencia mas intima y el terror mas común se une en sus páginas en un sublime maridaje con la condición finita del ser y el plano metafísico de la reflexión y el delirio.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en:
Cinosargo



Enrique Lihn: Porque Escribí (Video)



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