sábado, 29 de agosto de 2009

Tristes Tigres


Tristes Tigres
Por Marcelo Soto
La Tercera Cultura.
29 de septiembre de 2009


A principios de los 8o un desconocido Roberto Bolaño, padeciendo su vida catalana, intercambió cartas con Enrique Lihn. El epistolario fue vital para el futuro novelista, quien encontró en el poeta una voz crítica que lo ayudó a emerger del abismo.

¿Habrá algo más gris que ser un poeta chileno y vivir en Santiago, a principios de los 8o? Quizá sí: haber sido, por la misma época, un aprendiz chileno de escritor, desconocido y hambriento, en una ciudad catalana "de espaldas al culo del mundo". El encomillado pertenece a Roberto Bolaño, quien entonces vivía en Girona, cerca de Barcelona, y está contenida en una carta que envió a Enrique Lihn en 1984. La misiva forma parte de los archivos del autor de La Pieza Oscura que hoy se encuentran en el Instituto Getty de Los Angeles, Estados Unidos.

La correspondencia entre Lihn (1929-1988) y Bolaño (1953-2003) representa, en cierta forma, la conexión secreta del nuevo canon de la literatura chilena. Pese a las distancias y a que no se conocían, en las cartas que intercambiaron hace más de 20 años se alcanza a percibir el hálito de una amistad frágil pero imborrable. "No te queridizo ni te estimizo", le responde Lihn a un desesperado Bolaño el 16 de junio de 1981. El futuro autor de Los Detectives Salvajes vivía al tres y al cuatro, y estaba a punto de claudicar. Necesitaba, a como diera lugar, una voz de aliento y por eso manda un SOS al maestro.

La respuesta de Lihn fue, sin embargo, de una honestidad brutal. "Por de pronto no puedo dar curso a ninguna de las peticiones... porque no preparo antologías ni otorgo becas, como no sea por un milagro en que conozca el santo". Bolaño había incluido un poema en su carta anterior y esperaba ansioso el veredicto de Lihn, quien sentencia: "Me gustó bastante en algunos versos, y en otros lo encontré desmadejado... el surrealismo ortodoxo ya no se soporta. Hay algo que está bien y algo que no anda".

Junto a las críticas, van noticias locales. "Del joven Zurita se ha hecho demasiado caudal: se ha visto en él a un profeta del peladero; siempre los cabros chicos andan detrás de alguien en quien creer, eso da en las pelotas".

En septiembre de 1982, un año después de la carta en que tachaba los versos bolañianos de un surrealismo añejo, el poeta rectifica. "Por tu carta infiero que puedo haber escrito, previamente, en un tono antipático, puedo haber estado bajo los efectos de una mala racha, me excuso. Acabo de releer tus poemas. Los textos que tengo soy muy buenos, pero no sé por qué, algunos de ellos, guardan la ficción visual del verso."

Entusiasmado, Bolaño le envía al mes siguiente nuevos textos. "Espero que no se erijan en una ofensa a la literatura, aunque en ocasiones me temo que poco les falta". El narrador pasaba una época miserable que lo tenía por las cuerdas. Había probado diversos oficios, en tanto que su carrera literaria no despegaba. Así describe su estado en 1982: "Aquí en Girona ha llegado el invierno y la paranoia. Mi situación económica es desesperada. Eso trae neuras y rollos. Pierde uno la paciencia... Sigo viviendo solo, sin chimenea ni cualquier tipo de calefacción y los vientos del Pirineo se meten por todos los huecos de mi casa".

Pese a todo, hay espacio para el humor. Y para comentarios cariñosos sobre mascotas: "Población: un hombre, una perra, un montón de gatos. ¡Y llega un virus y me mata a la mitad de los gatos! ¡He tenido que inyectarles suero y antibióticos! ¡El Tono me ha mordido, pobrecito! Absolutamente negro y bellísimo. Se llama Tono, de tonalidad. Tono musical y jamás diminutivo de Antonio".

No se crea que el autor en ciernes era de los que viven quejándose. "De vez en cuando suben amigas. Soy escritor, les digo, y no me creen, por supuesto. Hacen bien". Y agrega, sin falsa modestia: "De Chile no sé nada, nada. Completamente fuera de la literatura chilena, y horror, dentro de seis meses cumpliré 30 años. ¿Qué será de mí? ¿Es que seré un Braulio Anguita (sic) del año 2000? Dios no lo permita".

Como en las caricaturas, Bolaño se parece al cachorro que salta de admiración ante la proezas del perro más guapo de la cuadra y quizá eso explica que las cartas del poeta de Diario de Muerte sean más breves y espaciadas que las de su impaciente discípulo. Pero Lihn siempre tiene una palabra de aliento, una frase amable, ajena a toda impostura. En febrero de 1983 le cuenta: "He recibido y leído, otrora, cada uno de tus envíos -fragmentos en prosa, versos y desalentadas menciones de tu vida literaria. Tú ya sabes todo lo que te puedo decir al respecto: eres un poeta y un escritor combinados y no te espera nada que te satisfaga plenamente en materia de respuesta a un trabajo que es la soledad misma, a menos que tengas una buena suerte o un sentido de la oportunidad del carajo".

Lihn es un sabueso y avanza donde otros se pierden. "El tiempo y/o factores imprevisibles resuelven por ti en una zona que no ves nunca, situada más allá de tus narices escritúrales". Le desea suerte, antes de lanzar una advertencia, que todavía resuena en la provincia de nuestras letras. "Este país, como sabes, está en el ostracismo cultural".


Defendiendo a Neruda

En sus cartas Bolaño entrega flechazos del sentido del humor, el sarcasmo y el don narrativo que lo harían famoso. En una misiva del 13 de septiembre de 1983 cuenta una historia sobre Alejandro Jodorowsky, amigo de Lihn. "Lo conocí en México DF en 1970 ó 71. Yo tenía 17 años y quería ser director de cine". El narrador era entonces "un joven nieztchano y virgen, que amaba a Jim Morrison". Sin ser invitado, se presenta un día en la casa de Jodorowsky y aunque era difícil encontrar a dos tipos más diferentes, se inicia una extraña amistad. "A partir de entonces lo acompañé a algunas partes y hablábamos o más bien hablaba él...

Fue la primera persona que me dijo que yo era ja, ja, 'un típico intelectual chileno', crítica que a mis oídos de 17 años sonó a elogio desmedido".

Pero una tarde la relación se rompió, cuando el cineasta y escritor "atacó a Neruda y defendió a Parra y yo defendí a Neruda y de paso -sin haberlo leído-ataqué a Parra". Fue una pelea absurda. "El caso es que me puse a llorar y el cabrón de Jodorowsky siguió atacándome. Por supuesto no volví nunca más". Después Bolaño leyó a Parra. Y el resto es historia.

Fuente: Letras s5


viernes, 21 de agosto de 2009

Homenaje a “Enrique Lihn 80 años” en La Sebastiana

La Facultad de Arte de la Universidad de Playa Ancha junto a la Fundación Pablo Neruda han organizado un sentido homenaje al distinguido poeta y artista, Enrique Lihn.

Durante todo agosto el Centro Cultural La Sebastiana de Valparaíso acogerá a los amantes del arte y la literatura, quienes podrán disfrutar de la obra creativa y ensayística de Lihn, a través de la exhibición de fragmentos de su legado artístico que logró forjar durante su carrera.

Las actividades en torno a “Enrique Lihn 80 años” comienzan este viernes 7 de agosto al mediodía con la inauguración de la Exposición Artes Visuales cuyo curador es Ricardo Loebell. En la muestra participarán connotados artistas chilenos, como: Roser Bru, Paz Errázuriz, Eugenio Téllez, Juan Pablo Langlois, Andrea Goic, Florencia Grisanti, Carlos Altamirano, Guadalupe Santa Cruz, Rodrigo Zamora, Pedro Tyler, Antonio Guzmán, Arturo Duclos, Carolina Ruff, Tito Calderón, Nancy Gewölb, Maricel Gómez de la Errechea, Roberto Bascuñan, Cristóbal Riffo, Edwin Rojas, Ana María Briede, José Basso, Víctor Maturana, Elisa Aguirre y Mario “Paté” Ibarra.

La muestra estará abierta al público de manera gratuita hasta el domingo 30 de agosto y podrá ser visitada de martes a domingo entre las 10:10 y 18:00 horas, en horario continuado.

Paralelamente, un grupo de artistas y personalidades de la cultura, exhibirán y conversaran de las distintas vertientes creativas del autor, en lo que han denominado sus organizadores como “Mesas de conversación. Exhibición de Audiovisuales” que se realizarán entre el 18 al 21 de agosto, a partir de las 19:00 horas.

Para conocer más detalles de las actividades en torno al homenaje de este importante artista nacional revise el Programa Enrique Lihn 80 años, visite el sitio www.fundacionneruda.org o contáctese con el Centro Cultural La Sebastiana al teléfono 2256606.

Sobre Enrique Lihn
Nació en Santiago de Chile el 3 de septiembre de 1928. Estudió dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Locutor radial, escritor narrativo y ensayista sobre literatura y artes plásticas. Formó parte de la bohemia intelectual de los años 50, donde se codeó con escritores de la talla de Alejandro Jodorowski, Jorge Edwards, Luis Oyarzún, Eduardo “Chico” Molina, entre muchos otros.
Ganador de los premios “Juegos Florales” en 1956; Atenea, con “La pieza Oscura”; y de la Casa de las Américas de Cuba con “Poesía de paso” en 1966. Posteriormente, el año 1978 obtiene la Beca Guggenheim y viaja a Nueva York, de donde surge A partir de Manhattan, libro de poesías que se publicó en Chile en 1979.
Dirige el Taller de Poesía de la Universidad Católica de Chile y fue Profesor de Literatura en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Facultad de la Física y Matemáticas de la Universidad de Chile, cargo que mantendría toda su vida.
Enrique Lihn falleció en Santiago de Chile el 10 de julio de 1988, víctima de cáncer. Hasta el último momento de su vida estuvo escribiendo. Su libro “Diario de muerte”(1989) fue publicado, por encargo suyo, por sus amigos Pedro Lastra y Adriana Valdés, quienes reunieron, transcribieron y ordenaron los poemas que dejó al morir.
Después de su muerte se han publicado varias antologías suyas “Álbum de toda especie de poemas” en España, “Porque escribí” en México y Chile, y “Figures of Speech” en Estados Unidos. También se publicaron las entrevistas a su persona, aparecidas en la prensa chilena y extranjera, por el investigador Daniel Fuenzalida denominado “Enrique Lihn: Entrevistas”.

Última modificación: jueves 6 de agosto de 2009.

Enrique Lihn: menosprecio y alabanza de la poesía



Pacheco, José Emilio. "Enrique Lihn: menosprecio y alabanza de la poesía". El Espíritu del Valle 4/5 (1998): 51-53.

COPYRIGHT 1996 CISA Comunicacion e Informacion, S.A. de C.V.

Hace un siglo, en la Historia de la poesía hispanoamericana, Marcelino Menéndez y Pelayo dijo que de todos los antiguos dominios españoles Chile era el lugar en que menos se había desarrollado la actividad poética. Mudó en 1912 y no alcanzó a ver lo que vino después. Su opinión queda como una muestra de la provisionalidad de nuestros juicios y la inutilidad de las predicciones. A pesar de esta egregia invitación a la modestia, es posible afirmar que Enrique Lihn (1929-1988) permanecerá en la gran poesía chilena y en la de toda la lengua española.

Michael J. Doudoroff señaló que los poetas hispanoamericanos de la segunda mitad del siglo "no resaltan en nuestras conciencias del mismo modo que logró hacerlo la generación anterior" y menciona en orden cronológico los nombres de Vallejo, Huidobro, Gorostiza, Villaurrutia, Neruda y Paz. Atribuye esta falta de relieve a la inercia de la crítica académica para proveer una adecuada publicidad y a la hiperinflación en que, a semejanza de nuestros aterradores problemas económicos, toda la literatura pierde valor. Se deja de leer poesía porque es imposible encontrarla en el gigantesco ambiente de la confusa actividad verbal.

A las razones de Doudoroff puede agregarse lo más obvio: a partir de los sesenta, dejó de ser la actividad literaria privilegiada en nuestros países y comenzó el tiempo de los novelistas. Nadie ha empleado nunca el término boom para referirse al trabajo o a la resonancia de estos poetas.

La pieza oscura

Lihn, que hizo del fracaso tema profundo de su poesía, es un poeta triunfal en las condiciones actuales: vio algunos de sus libros traducidos o publicados por editoriales de circulación internacional; figura en las antologías y en los estudios críticos importantes; pero fuera de Chile, o quizá aun en su propio país, es imposible conseguir algo que no sea la utilísima antología Porque escribí que compiló Eduardo Llanos Melussa (Colección Tierra Firme, serie Poetas chilenos, Fondo de Cultura Económica, Santiago de Chile, 446 páginas).

En 1963, el año de Rayuela y La ciudad y los perros, se publicó La pieza oscura, el tercer libro de Lihn. El poema que le da título introduce una nueva voz lírica pero también narrativa, confesional y simultáneamente capaz de hacer nuestra, de verbalizar para nosotros una experiencia común: el descubrimiento de la sexualidad por unos cuantos niños y niñas que juegan en ausencia de sus parientes. Desde el comienzo se establece un tono de voz que en adelante reconoceremos siempre como rasgo particular de Lihn y en este sentido incomparable e inimitable:

La mixtura del aire en la pieza oscura, como si el cielo raso hubiera amenazado una vagal llovizna sangrienta.

De ese licor inhalamos, la nariz sucia, símbolod e inocencia y precocidad juntos para reanudar nuestra lucha en secreto, por no sabíamos no ignorábamos qué causa...

El predominio del versículo

Desde ocho años antes en Poemas de este tiempo y el otro Lihn había hecho suyo el versículo que en las últimas tres décadas se ha convertido en uno de los instrumentos esenciales de la poesía hispanoamericana. A pesar de la extensión y la brillantez de su empleo por nuestros poetas, el versículo aún desconcierta a los teóricos. Algunos lo confunden con el poema en prosa y otros piensan que no existe, que sólo es una extensión combinatoria de endecasílabos o alejandrinos. Basta la más superficial lectura de Lihn para comprobar que su versículo no es ninguna de estas dos cosas.

El nombre resulta absurdo. No se puede llamar con un diminutivo despectivo a lo que es en realidad un verso largo, una línea proliferante que crece en libertad hasta que su ritmo interno la lleva a fijarse un límite. En su libro acerca de las Leyes de la versificación castellana Ricardo Jaimes Freyre dice que el versículo fue un invento de San Jerónimo cuando, para la Biblia que llamamos Vulgata quiso, hallar en latín una forma capaz de sugerir el ritmo que poseen los originales hebreos y arameos.

Sin embargo en el versículo de Lihn ya no hay ninguna resonancia formal de la Biblia. Es un medio de una enorme flexibilidad que le permite escribir en verso tan libre y fluidamente como si lo hiciera en prosa. Y no se trata en modo alguno de prosa cortada o escritura vertical que elude todas las dificultades formales. Lihn escribe versículos como al lado de ellos hace endecasílabos y en uno de sus libros --París, situación irregular-- sonetos.

La era de la desconfianza

Lihn inaugura, y tal vez también clausura, la era de la desconfianza en la poesía hispanoamericana. Si el poema no puede cambiar el mundo ni convertirse en bien de consumo, si está fuera de la historia y al margen del mercado, tampoco es posible dejar de escribirlo. El poeta no es ya "pequeño dios" ni bardo que exalta las luchas de su pueblo. No es Huidobro ni Neruda. No es "mago" ni tampoco "antipoeta" porque ese lugar lo ha ocupado brillantemente Nicanor Parra.

Al orgullo suceden la vergüenza, la duda, el sentido del ridículo:

O si no fue un simple error de juventud escribir un primer verso fatal y condenarse a permanecer en la estacada como un espectador que por serlo no entiende nada de lo que ocurre en torno suyo o por lo menos no lo entiende en el sentido literal de la palabra...

Es ridículo dedicar la vida a una actividad que nadie paga y muy pocos aprecian pero al mismo tiempo es imposible, para su practicante, alejarse de ella. La crisis --y la poesía siempre está y tiene que estar en crisis-- asume en Lihn la forma de la autocrítica a la vez doliente y gozosa y la conciencia de lo efímero:

A la vuelta de una o dos generaciones quiénes escaparán a la inviolable ley de la caducidad Todos seremos retóricos...

Lihn asume, recibe y contempla de frente el panorama de una década en que la modernidad, expresada en el triunfo del consumo y sobre todo de los medios masivos, ahonda la conciencia de nuestra situación (por algo se generalizan en esos años las expresiones "subdesarrollo" y "tercer mundo"), y para salir de ella se plantea la utopía socialista. El poeta puede aspirar a curarse de su inutilidad si se compromete con las luchas populares. Lihn no sucumbe, ni siquiera en su más extenso poema titulado Escrito en Cuba, a esta presión de época; incluso se permite criticarla desde adentro:

y canta a la violencia sin participar en ella es la peor de las irrealidades y la peor de las debilidades.

A la intemperie del mercado

Sin embargo, es capaz de hacer un gran poema político, "La derrota" en Poesía de paso, que es un comentario oblicuo ante la victoria de Eduardo Frei sobre Salvador Allende en las elecciones de 1964, seis años antes de su legítima llegada al poder. Y en 1983, cuando ya ese clima intelectual ha desaparecido y lo sustituye más bien su contrario --el desprecio a todo lo que pueda sonar a izquierda o a "compromiso"-- Lihn escribe el mejor poema que se ha escrito hasta hoy contra el neoliberalismo y sus consecuencias, Paseo Ahumada. Es, voluntaria, paródica e insultantemente, el Canto general de los vendedores ambulantes, los desempleados, las víctimas del progreso, que llenan nuestras ciudades con "los artificios naturalizados en Taiwan, La Gran Madre Plástico" que nos inunda con "sus deyecciones y babas".

Sí, Canto General a la pauperización que nos recorta el lenguaje a un manoteo de sordomudos no alfabetizados.

El poder indeseable

Todo poeta es víctima de sus propios aciertos. El versículo, tan natural en Lihn, tan ceñido casi siempre a lo que quiere decir. No puede evitar en ocasiones el riesgo de precipitarse no tanto en el prosaísmo como en lo prosaico, en aquello que para decirse no necesitaba de un impulso lírico. Eso ocurre en "Varadero de Rubén Darío", un poema que resume toda la interpretación errónea de dos generaciones anteriores --aunque no ciertamente de Neruda ni Lorca-- y por paradoja precede a la inmediata relectura hasta hoy vigente de Darío y el modernismo. Lihn sucumbe a la falacia de Rodó: acusar a Darío por no cumplir con el papel que nos asignan las metrópolis de proveedores literarios de curiosidades salvajes y hacer suyo, en un acto de apropiación del que todos somos beneficiarios, lo que para él era inversamente lo "exótico", es decir lo europeo y todo lo que Europa había importado de sus otras colonias.

Pero esta objeción no empaña el conjunto de la obra de Lihn, una de aquellas obras escritas no tanto para leerse como releerse. Al impugnar la poesía en tantas páginas memorables Lihn ahorró la necesidad de hacerlo a quienes han llegado después. Su gran cuestionamiento terminó en una afirmación. "Creo: ayuda a mi incredulidad", escribió San Pablo. Lihn hubiera invertido la frase:

"Ayúdame a creer porque soy incrédulo".

Y en La musiquilla de las pobres esferas dejó con veinte años de anticipación un testamento hoy más que nunca irrefutable:

Porque escribí no estuve en casa del verdugo ni me dejé llevar por el amor a Dios ni acepté que los hombres fueran dioses ni me hice desear como escribiente ni la pobreza me pareció atroz ni el poder una cosa deseable ni me lavé ni me ensucié las manos ni fueron vírgenes mis mejores amigas ni tuve como amigo a un fariseo ni a pesar de la cólera quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta, porque escribí, porque escribí estoy vivo.


martes, 4 de agosto de 2009

MONÓLOGO DE UN PADRE CON SU HIJO DE MESES


MONÓLOGO DE UN PADRE CON SU HIJO DE MESES
ENRIQUE LIHN
DEL LIBRO "LA PIEZA OSCURA"

Nada se pierde con vivir, ensaya:
aquí tienes un cuerpo a tu medida
Lo hemos hecho en sombra por amor a las artes de la carne
pero también en serio
pensando en tu visita como en un nuevo juego gozoso y doloroso;
por amor a la vida, por temor a la muerte y a la vida,
por amor a la muerte
para ti o para nadie.

Eres tu cuerpo, tómalo, haznos ver que te gusta como a nosotros este doble regalo que
te hemos hecho y que nos hemos hecho.
Cierto, tan sólo un poco del vergonzante barro original,
la angustia y el placer en un grito de impotencia.
Ni de lejos un pájaro que se abre en la belleza del huevo,
a plena luz, ligero y jubiloso, sólo un hombre:
la fiera vieja del nacimiento, vencida por las moscas, babeante y rebosante.

Pero vive y verás el monstruo que eres con benevolencia
abrir un ojo y otro así de grandes,
encasquetarse el cielo, mirarlo todo como por adentro,
preguntarle a las cosas por sus nombres
reír con lo que ríe,
llorar con lo que llora,
tiranizar a gatos y conejos.

Nada se pierde con vivir, tenemos todo el tiempo del tiempo por delante
para ser el vacío que somos en el fondo.
Y la niñez, escucha:
no hay loco más feliz que un niño cuerdo
ni acierta el sabio como un niño loco.
Todo lo que vivimos lo vivimos ya a los diez años más intesamente;
los deseos entonces se dormían los unos en los otros.
Venía el sueño a cada instante,
el sueño que restablece en todo el perfecto desorden
a rescatarte de tu cuerpo y tu alma;
allí en ese castillo movedizo eras el rey, la reina, tus secuaces, el bufón que se ríe de sí mismo,
los pájaros, las fieras melodiosos.

Para hacer el amor allí estaba tu madre
y el amor era el beso de otro mundo en la frente,
con que se reanima a los enfermos,
una lectura a media voz,
la nostalgia de nadie y nada que nos da la música.

Pero pasan los años por los años y he aquí que eres ya un adolescente.
Bajas del monte como Zaratustra a luchar por el hombre contra el hombre:
grave misión que nadie te encomienda;
en tu familia inspiras desconfianza,
hablas de Dios en un tono sarcástico, llegas a casa al otro día, muerto.
Se dice que enamoras a una vieja, te han visto dando saltos en el aire,
prolongas tus estudios con estudios de los que se resiente tu cabeza.
No hay alegría que te alegre tanto como caer de golpe en la tristeza
ni dolor que te duela tan a fondo como el placer de vivir sin objeto.
Grave edad, hay algunos que se matan porque no pueden soportar la muerte,
quienes se entregan a una causa injusta en su sed sanguinaria de justicia.
Los que más bajo caen son los grandes,
a los pequeños les perdemos el rumbo.
En el amor se traicionan todos,
el amor es el padre de sus vicios.
Si una mujer se enternece contigo le exigirás te siga hasta la tumba,
que abandone en el acto a sus parientes,
que instale en otra parte su negocio.

Pero llega el momento fatalmente en que tu juventud te da la espalda
y por primera vez su rostro inolvidable en tanto huye de ti que la persigues a salto de ojo,
inmóvil, en una silla negra.
Ha llegado el momento de hacer algo parece que te dice todo el mundo
y tu dices que sí, con la cabeza.
En plena decadencia metafísica caminas ahora con una libretita de direcciones en la mano,
impecablemente vestido,
con la modestia de un hombre joven que se abre paso en la vida,
dispuesto a todo.
El esquema que te hiciste de las cosas hace aire y se hunde en el cielo dejándolas a todas en su sitio.
De un tiempo a esta parte te mueves entre ellas como un pez en el agua.
Vives de lo que ganas, ganas lo que mereces, mereces lo que vives:
eres, por fin, un hombre entre los hombres.

Y así llegas a viejo como quien vuelve a su país de origen después de un viaje interminable corto de revivir, largo de relatar,
te espera en tí la muerte, tu esqueleto con los brazos abiertos,
pero tu la rechazas por un instante,
quieres mirarte larga y sucesivamente en el espejo que se pone opaco.
Apoyado en lejanos transeúntes vas y vienes de negro,
al trote,conversando contigo mismo a gritos, como un pájaro.
No hay tiempo que perder, eres el último de tu generación en apagar el sol y convertirte en polvo.

No hay tiempo que perder en este mundo embellecido por su fin tan próximo.
Se te ve en todas parte dando vueltas en torno a cualquier cosa como en éxtasis.
De tus salidas a la calle vuelves con los bolsillos llenos de tesoros absurdos: guijarros, florecillas.
Hasta que un día ya no puedes luchar a muerte con la muerte y te entregas a ella, a un sueño sin salida, más blanco cada vez, sonriendo, sollozando como un niño de pecho.

Nada se pierde con vivir, ensaya: aquí tienes un cuerpo a tu medida,
lo hemos hecho en la sombra por amor a las artes de la carne pero también en serio,
pensando en tu visita
para ti o para nadie


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