domingo, 9 de mayo de 2010

La escritura de Enrique Lihn: un lugar excéntrico, móvil y diferido

La escritura de Enrique Lihn: un lugar excéntrico, móvil y diferido

Por Carmen Foxley
carmenfoxley@vtr.net
Fuente: Taller de Letras N° 42: 179-181, 2008

Leer La musiquilla de las pobres esferas (1969) al momento de su aparición, fue para mí una experiencia intensa que me abrió los ojos al placer del texto y la lectura, a la vez de reforzar mi interés por la literatura.

Años después, cuando yo era una principiante que trabajaba en el comité de selección de inéditos para la Editorial Aconcagua, alguien dio a leer a Enrique Lihn mi informe de lectura de París situación irregular (1977) y entonces, sorpresivamente, él me pidió que escribiera el prólogo. Recuerdo con entusiasmo ese gesto de confianza, que significó un gran estímulo para continuar con seriedad y audacia la tarea de explorar el trabajo de la poesía, actividad crítica que siempre ha significado para mí un juego apasionante de descubrimiento. Hoy día, a modo de reconocimiento, quisiera poner de relieve tres constantes ambiguas y multifacéticas del trabajo escritural de Enrique Lihn, las cuales me parecen ineludibles y muy productivas para enfocar diversas facetas de la elaboración textual. Me limitaré a unos rasgos caracterizadores que me han interesado durante mucho tiempo1, y dejo el lugar a los jóvenes, con los que comparto el interés por esta poesía, para dilucidar tantas otras facetas de un trabajo poético insuficientemente leído en nuestro medio cultural.

Me refiero primero a la excentricidad de su escritura, en el doble sentido de situarse al margen y también en el de sentirse al margen, es decir, el de reconocer una situación de falta de pertenencia histórica, literaria o social. En el primer sentido se trata de un lugar de distanciamiento, lúcida y estratégicamente asumido desde el que se reflexiona, se cuestiona y se duda, y desde el que se intenta dar nombre a las condiciones precarias, enajenantes, ilusorias o anquilosadas del lenguaje, la existencia social, las convenciones cognoscitivas y de comportamiento, las del propio trabajo poético y de la poesía. Es el lugar distanciado y excéntrico desde el que se produce la indagación inquisitiva, provisoria e insuficiente que insta a retomar la
duda, empecinadamente, hasta la propia muerte. En el segundo sentido, la excentricidad es la sensación de falta de pertenencia que acecha al sujeto en relación a la lengua, la sociedad y la condición de hispanoamericano. Es la situación de alguien que no se reconoce en su propia tierra ni en el extranjero, condición que no parece ser individual sino colectiva si la situamos históricamente y si reconocemos que en la escritura de Enrique Lihn, cuando se habla del individuo se señala a los otros y a la sociedad. Y es desde esa excentricidad radical que el lector se siente interpelado y parodiado. Es desde esa actitud que se desestabilizan muchas de las convenciones culturales supuestamente compartidas.

Destaco ahora la movilidad como segundo rasgo caracterizador de una escritura que disemina llamadas de alerta, frente a los síntomas de autocomplacencia cognoscitiva. Una movilidad que impulsa al lector a una deriva escritural, a atravesar un espacio de continuos desplazamientos y dislocación, un espacio adecuado para la diseminación de una energía creadora para la cual es un riesgo la fijeza de la letra impresa y de la significación. Entonces se exploran las posibilidades de la gesticulación y de una puesta en escena de las posibilidades de la exageración en los gestos, los tonos y los alcances burlescos de la expresión oral, una suerte de parloteo lleno de diferimientos y negatividad, una escritura que siempre está aplazando el acceso a un sentido, una oralidad móvil que se espacializa y nos exige una participación visual y no solo cognoscitiva, para seguir el ritmo del fragmentarismo y la discontinuidad, y para suplir así la rigidez y la fijación de la letra. Nos enfrentamos a una espacialidad móvil construida en base a asociaciones, redundancias y diferencias, excesos, desdoblamientos y contrastes, que imitan la plasticidad de la voz, pero que simultáneamente producen el efecto de estar diseminando aplazamientos y rodeos, pantomimas inconducentes, que mantienen en suspenso al lector. Son artificios adecuados para resistir a cualquier modo de represión que provenga del lenguaje y de la modernidad, y un modo de diferir el encuentro con la nada o la falta de sentido, inevitables para esta escritura.

El diferimiento al que nos acabamos de referir es el tercer rasgo caracterizador de la escritura de Enrique Lihn. Pero hay que considerar también que el diferir no es solo el gesto de aplazar las conclusiones mediante rodeos. Significa también disentir y discrepar. Es un modo de afirmar a partir de la negación y del reconocimiento de las diferencias, los contrasentidos, y las incongruencias de unas personas y una sociedad a la que se enfoca irónicamente. Y es otra faceta de la manifestación de la lucidez y la autonomía de una conciencia crítica frente a los códigos y convenciones cognoscitivas, a las que ya nos hemos referido, y con las que Enrique Lihn cuenta, pero a las que interviene críticamente desde la ironía. Es el síntoma de su anhelo de la posibilidad de un trabajo compartido que pudiera reconocer las contradicciones, incongruencias y contrasentidos y suscitar una reacción.

El diferir es también entonces, en esta escritura, un modo de cuestionar desde el margen los supuestos de la sociedad, es un modo de indagación insaciable de una literalidad que se desmonta y desestabiliza, como lo hace con la sintaxis, el uso de los géneros y discursos, los personajes y voces diversas, que deambulan por el escenario de los textos dispersando chispazos de una significación crítica, siempre inquisitiva, precaria e insuficiente. Diferir entonces, en sus dos sentidos, el de aplazar y el de disentir, contribuye a crear una escritura provocadora por su negatividad, pero llena de energía creativa y lucidez.

NOTAS

1 Revisión de lo reflexionado en Carmen Foxley, Enrique Lihn: escritura excéntrica y modernidad, Santiago de Chile: editorial Universitaria, 1995; en ”Incongruencias de la sociedad en la poesía de Enrique Lihn”. Utopías, 1973-2003. Santiago de Chile: Universidad Arcis, 2004; y en “Enrique Lihn y el disentimiento crítico”. Contra el canto de la goma de borrar. Coord. Francisca Noguerol. Sevilla: Colección Escritores del Sur, Universidad de Sevilla, 2005.

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