viernes, 30 de julio de 2010

"Dejo que me plagien con total tranquilidad"

"Dejo que me plagien con total tranquilidad"

por Alvaro Matus

"Ya no estoy dando entrevistas por teléfono, porque me enredo con la gramática y siempre quedo como idiota. Hagamos la entrevista por mail... lo mío es la escritura", dice Roberto Bolaño con un tono relajado, propio de quien viene llegando a su casa de Blanes (España) tras unas vacaciones por Venecia, junto a su mujer y sus dos hijos. Ante eso, le comentamos: "Curioso que al autor de Llamadas telefónicas no le guste hablar por teléfono... por lo menos con los periodistas". Bolaño se ríe y repite que lo suyo es la escritura. Y tiene toda la razón: Bolaño, premio Rómulo Gallegos 1999, es un escritor químicamente puro, un hombre que se siente más cómodo escribiendo que hablando. Al igual que los personajes de sus novelas y cuentos, vive en torno a la literatura, al punto de transformar buena parte de sus lecturas, viajes y anécdotas en experiencias literarias. Así lo reafirma Putas asesinas, libro recién lanzado en España, que llega a fin de mes a Chile y del que ofrecemos un adelanto exclusivo.

..... Son 13 cuentos, varios de ellos protagonizados por su alter ego, Arturo Belano, y por B, quien ya había aparecido en Llamadas telefónicas, su anterior libro de cuentos. Ambos personajes deambulan por México, España y Africa. Se encuentran con viejos camaradas, con sujetos desesperados o, en el caso de B, con revistas literarias que lo motivan -como sólo a un escritor químicamente puro puede ocurrirle- a ir tras la pista de un autor que yace bajo el polvo de una librería de viejos. Como el nombre del libro lo señala, también hay putas. No todas, eso sí, son asesinas.

-Podrías ir un poco a las motivaciones del cuento Putas asesinas, por qué es el título del libro y qué piensas de ellas?

-Para mí es difícil responder por qué escribo un libro. Seguramente porque es lo que mejor se hacer. ¿Qué pienso de las putas? Bueno, siempre he tenido en gran consideración ese oficio y las putas, por lo tanto, gozan de todos mis respetos. Todas las putas. Las pobres y las de alto standing. Mujeres virtuosas y trabajadoras, mujeres que parecen salidas al mismo tiempo de un melodrama mexicano de los años cincuenta, como de las páginas de la bizantina Ana Comneno. Y que, además, como si lo anterior no fuera suficiente, son lo más parecido que hay a un reloj. Las putas son las mujeres-reloj por excelencia. Desde Catulo a Baudelaire, todos los poetas las han amado. Y quien no las ama o es un impotente o un jodido puritano hipócrita de la peor especie.

-Al igual que en Llamadas telefónicas, hay varios personajes al borde de la locura y del suicidio. ¿Son preocupaciones para ti?

-La locura y el suicidio, me parece, son fantasmas mucho más comunes de lo que la gente piensa. En cierta forma pensamos en términos de locura y suicidio como maneras de escapar de la muerte o de engañar a la muerte. Por supuesto, para mí la locura es una enfermedad, que puede ser tratada con fármacos, y el suicidio es una alternativa tan válida como cualquier otra que ejercemos en uso de nuestra libertad de elección. Pero eso no impide que, en ocasiones, se materialicen como figuras fantasmales.

-En uno de los cuentos, Enrique Lihn se te aparece mientras duermes. Una vez dijiste que él fue importante para ti porque lo admirabas y respondió tus cartas. ¿Le contestas tú a los jóvenes escritores?

-Bueno, algunas cartas las contesto, otras, la mayoría, no; además siempre tengo la impresión de que no es a mí a quien deberían escribirle, sino a García Márquez, Vargas llosa, Fuentes o Sabato. Por otra parte, Lihn no fue importante para mí por sus cartas, sino por su poesía. Por supuesto, a todo escritor relativamente joven lo halaga, en cierta manera, el que un escritor como Lihn se convierta, de la noche a la mañana, en tu corresponsal, y también resulta halagador (aunque la palabra que más se ajusta es consolador) saber que muchas de tus ideas las compartes con un escritor de ese calibre. ¿Qué ideas eran esas? Básicamente, una visión negra de la literatura chilena y de la literatura en general.

-¿Crees de verdad que la literatura chilena es sólo una literatura imaginaria, como dices en el cuento Carnet de baile?

-Toda literatura nacional, es por naturaleza, una literatura imaginaria, y eso en el mejor de los casos; generalmente suele ser una literatura artificial.
Bolaño tiene fama de decir lo que piensa con la misma soltura con que fuma un cigarro. Sus comentarios han generado más de una polémica y siempre desconcierta por esa mezcla de afirmaciones relativizadas con juicios categóricos. Ahora, está molesto con los escritores que sólo piensan en sí mismos: "Cada escritor parece obsesionado en autopromocionarse , y la autopromoción o el arribismo, como todo el mundo sabe, no deja tiempo para nada más. Bueno, sí, deja tiempo para ser cobarde".

-¿Te sientes parte del mercado literario?

-En modo alguno. Ni voy a todos los lugares adonde me invitan ni hago todos los viajes de promoción que suelen hacer los otros escritores ni hago vida social. Al contrario. Vivo en un pueblo pequeño, soy independiente, nunca he recibido ayuda oficial de ningún gobierno, no voy detrás de publicaciones ni de becas. Dejo que me plagien con total tranquilidad. Mis enemigos (gratuitos) crecen como la yerba.

-¿Por qué en tus obras, como La literatura nazi en América, por nombrar una, te adentras en la extrema derecha?

-Como dice Nicanor Parra, por joder la paciencia. Básicamente, por joder la paciencia. Por reírme un rato.




Los 13 de Putas asesinas

El ojo Silva: Arturo Belano se encuentra en Berlín con un antiguo amigo que le cuenta cómo raptó a dos niños en un burdel de la India.

Gómez Palacios: La breve estadía de un profesor de literatura en el pueblo que da nombre al relato. Sus días en México están contados.

Últimos atardeceres en la tierra: B, adolescente que va de vacaciones a Acapulco junto a su padre, se adentra en un infierno que cambiará para siempre la relación entre ambos.

Días de 1978: El protagonista nuevamente es B, vive en España y comparte con exiliados chilenos.

Vagabundo en Francia y Bélgica: B ya es escritor de cierto renombre y viaja a Francia. Pasea por burdeles y librerías, donde encuentra una revista que habla de Henri Lefe-bvre. Parte a Bruselas para conocer dónde vivió este autor.

Prefiguración de Lalo Cura: Hijo de un sacerdote y una actriz porno colombiana, Lalo Cura hace una divertida revisión de las cintas en las que actuó su difunta madre junto a Pajarito Gómez. El encuentro entre Lalo y Pajarito es algo más que un ajuste de cuentas.

Putas asesinas: "Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir", dice la protagonista antes de asesinar a su nueva víctima.

El retorno: Un fantasma sigue el recorrido de su cuerpo desde la discoteca en que fallece hasta la casa de un prestigioso modisto necrófilo.

Buba: La historia de un futbolista chileno, un español y un africano que llevan a su club a ganar títulos gracias a un misterioso ritual.

Dentista: Un profesor de literatura y su amigo alucinan con los relatos de un joven indio.

Fotos: Arturo Belano, perdido en África, hojea un álbum de fotos en donde poetas franceses se celebran a sí mismos.

Carnet de baile: 69 razones para no bailar con Pablo Neruda. Algunas parejas de baile posible: "los nerudianos en la geometría con los huidobrianos en la crueldad, los mistralianos en el humor con los rokhianos en la humildad, los parrianos en el hueso con los lihneanos en el ojo"

Encuentro con Enrique Lihn: Roberto Bolaño sueña con que unos escritores jóvenes lo llevan a ver a Lihn, quien se halla en una ciudad que podría ser Santiago de otro tiempo, "un tiempo atroz que pervivía sin ninguna razón, sólo por inercia".



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