jueves, 5 de agosto de 2010

Sobre Poetas Marginales [por Pedro Lastra S]

Sobre Poetas Marginales

Pedro Lastra S.


El concepto de marginalidad tiene una amplitud tan considerable, que debo empezar por deslindarlo para situar el tema de estas notas. Acudo a esa palabra o, más bien, la pido en préstamo a otras disciplinas, como la sociología, para llamar la atención sobre el caso de algunos poetas que han realizado su tarea al margen o en los bordes de la institución literaria, consagrada o consagratoria, a menudo por decisión propia o por una singularidad del carácter que los llevó al distanciamiento o al retiro. Por esas razones, aunque su obra haya sido apreciada por algunos lectores y estudiosos, figure incluso en antologías o sea mencionada en historias literarias, su importancia ha demorado en ser rconocida y aceptada más allá de esos círcuos reducidos. En otras palabras, el pasaje desde esa frontera en la cual se situaron o fueron situados, hacia una relativa o notoria desmarginalidad, ha sido un proceso lento, cuyas oscilaciones suelen registrar los lectores devotos que han venido después.
(...)

Al comienzo de estas reflexiones mencioné a Juan Luis Martínez, a cuya expresión "identidad velada" acudí para situar la obra de algunos poetas representativos de esa conducta. El mismo Juan Luis Martínez la ilustra inmejorablemente.

A pesar suyo fue una figura ejemplar para los jóvenes escritores chilenos, y lo sigue siendo todavía. En un trabajo que le dedicamos con Enrique Lihn en 1987 -Señales de ruta de Juan Luis Martínez- dijimos que una de sus singularidades era ésa: hacerse presente en su desaparición. Y es oportuno hablar aquí de desaparición, porque ése fue uno de los temas principales de su poesía.

Había nacido en 1942, y casi toda su vida transcurrió en Valparaíso y enpequeños pueblos aledaños, como Villa Alemana, donde solían visitarlo a menudo poetas de distintas generaciones (yo fui una de esos peregrinos), atraídos por sus multiples y sorprendentes saberes y por el encanto de una personalidad al mismo tiempo discreta, cálida y cortés. Sus libros fueron tan novedosos y desconcertantes que ninguna editorial los acogió (aunque la Editorial Universitaria consideró esa posibilidad en 1971), y terminó publicándolos él mismo en ciertas Ediciones Archivo que inventó para su uso particular. Fue en ellas que aparecieron las páginas que escribimos con Enrique Lihn.

Lo desconcertante de su trabajo era en realidad el despliegue feliz de una escritura liberada de convenciones formales o genéricas, y que provenía de su energía de bricoleur, "experto -como lo señalamos con Enrique- en el arte combinatoria y en la frecuentación submarina de las escrituras consagradas y de las literaturas sumergidas". La extrañeza empezaba con los títulos: La nueva novela (1977 y 1985); La poesía chilena (1978), que contradicen toda definición genérica. La poesía chilena no es estudio ni antología : es un libro-objeto, precisamente una caja negra, que contiene reproducciones de los certificados de defunción de Gabriela Mistral, Pablo de Rokha, Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Luis Guillermo Martínez Villablanca (el padre del autor), más un bolsito o sobre de plástico con tierra del mistraliano Valle Central, y pequeñas banderas chilenas de papel. Algunos crítico -no más de dos o tres, si acaso- tomaron en cuenta el momento de publicación, pero es evidente que la lectura de esa caja puede ir más allá del mensaje político implicado. Juan Luis Martínez prefería no referirse a su quehacer y no adelantó, que yo sepa, ninguna clave: esa caja sigue siendo, pues, un desafío y un estímulo.

La nueva novela es el trabajo de un bricoleur, en cuanto la gráfica y los materiales incorporados son centrales para seguir y entender el orden de sus procesos imaginarios; pero es también el libro en el que se encuentran los poemas que hacen de él un autor fundamental en la literatura chilena de este tiempo. Los críticos no suelen comprenderlo así, pero los escritores jóvenes y muchos de mi generación lo han reconocido plenamente. Y si hablo por mí, debo decir que hay poemas suyos, como "La desaparición de una familia", que cuentan entre los más intensos de esta literatura en mi experiencia de lector.

Tan marginal fue Juan Luis Martínez que cuando publicamos con Enrique Lihn nuestras notas sobre su trabajo, algunos lectores creyeron que se trataba de una invención. Eso apareció en la página cultural del diario "El Mercurio", en noviembre de 1988. Un crítico desinformado comentó que Enrique y yo habíamos logrado unos poemas luminosos que négabamos con una introducción culpable de excesiva densidad (y de alguna manera esto último era cierto). Terminaba sugiriendo que dado ese desacuerdo entre las dos partes, Juan Luis Martínez tenía "que ser de verdad" (sic).

En marzo de 1993 -mes de su muerte- se publicó en ese mismo periódico una de las poquísimas entrevistas que concedió. Hablando de marginalidad creo que vale la pena citar un pasaje de ese diálogo. Dice la periodista:

En una ocasión el crítico de El Mercurio Luis Vargas Saavedra creyó que usted era un invento de Enrique Lihn y Pedro Lastra, y escribió "acaso Juan Luis Martínez ni siquiera exista". ¿Qué le parece?

Respuesta de J. L. M.: Ese comentario me emocionó mucho. Me complace irradiar una identidad velada como poeta; esa noción de existir y no existir, de ser más literario que real. De joven leí un aforismo de Novalis: "La poesía es lo real absoluto". Si entonces me sedujo esa afirmación, hoy estoy convencido de que es así.

Pregunta:-¿Y por eso quiere borrar su huella, llegando al extremo de tachar su firma?

Respuesta:- ¿Sabe? los aspectos biográficos de un autor me parecen irrelevantes a la hora de enfrentarse a un texto. De ahí que no me parezcan adecuadas las entrevistas que buscan datos nuevos, como queriendo encontrarles un doble sentido a los poemas.

Identidad velada... Pero como la de los otros escritores señalados aquí, su poesía es un bien para todos y sólo eso debería importarnos.


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