jueves, 9 de septiembre de 2010

Jorge Polanco, La Zona muda. Una aproximación filosófica a la poesía de Enrique Lihn

Jorge Polanco, La Zona muda. Una aproximación filosófica a la poesía de Enrique Lihn
Ril y Universidad de Valparaíso, Santiago, 2004

Por José Jara


La obra poética de Enrique Lihn se encuentra en el centro de la lectura y reflexión llevada a cabo por Jorge Polanco en este libro suyo, La zona muda. El subtítulo, Una aproximación filosófica a la poesía de Enrique Lihn, delimita la perspectiva en que él sitúa su trabajo en torno a las características que allí adquieren y los problemas que suscitan las realidades de la palabra, el lenguaje y el autor. Lo peculiar de esa perspectiva adoptada por él radica en el hecho de que esa impronta teórico-filosófica se entrelaza y se distiende con otra de rango poético-literario, que recorren con finura su modo de abordar sucesivamente, destacar y problematizar de manera sostenida distintos rasgos de esa obra.

En el análisis ofrecido por Polanco, que posee a la vez la calidad de una interpretación, comparecen las condiciones de emergencia de la palabra poética en la obra de Lihn, apuntando tanto al carácter situado de ella como a la condición de testimonio que pudiera poseer. Con ello indica hacia y abre reflexivamente el lábil campo de relaciones entre la vida, la biografía y la obra, que se remiten continuamente la una a la otra sin coincidir jamás entre sí, dejando expuestas, sin embargo, la posibilidad y el campo de aparición para el esfuerzo transformador que la palabra puede introducir entre ellas. No obstante esto, la palabra que circula por entre las condiciones de existencia de quien escribe y lo escrito, exhibe o queda marcada por las particularidades mismas del tránsito, del viaje y de quien hace uso de ella, y que ponen de manifiesto su precariedad, así como la fragilidad de la obra y del autor mismo que se pone en juego en ésta, y a través de esa palabra poética.

Son las nociones de sujeto, de autor y de la obra misma las que allí quedan puestas en entredicho y replanteadas en su situación presente, por una parte, sobre el trasfondo de algunos importantes debates filosóficos actuales con respecto a la problematización a que ellas han dado lugar, como, por otra parte, ante el hecho de que en su “Diario de muerte” Lihn enfrenta poéticamente la impostergable cercanía de su propia muerte personal, la que a su vez, y en otro registro, activa la enigmática tensión de la espera en que oscilan la obra poética y el autor en agonía.

A través de los análisis de la obra de Lihn y de las elaboraciones que en ellos se apoyan, Polanco exhibe no sólo un gran conocimiento y dominio de esa obra, junto a los diversos trabajos de crítica literaria suscitados por ella, sino que a la vez es capaz de exponer ese dominio en un triple nivel. Primero, el de una aguda sensibilidad para aproximarse literariamente a ella, resguardar la tonalidad de su decir poético y sopesar con precisión lo dicho sobre ella. Luego, el de una nítida capacidad analítica y reflexiva para detectar las cuestiones teóricas que la atraviesan o derivan de ella, y ponerlas así en relación con problemas planteados en otros discursos filosóficos contemporáneos. Por último, el de un uso limpio y decantado de su propio lenguaje que le permite estar a la altura de la obra trabajada, y además dentro del marco de exigencias propias a la particular ocasión que dio término a la trayectoria de una etapa de sus estudios universitarios: las de una tesis de grado.

Tal vez este último nivel –trasladado ahora al formato de un libro que así entra públicamente en circulación--, en que se pone a prueba el conjunto de su trabajo teórico, es un dato no menor a la hora de, no sólo apreciar la altura de la cota alcanzada por Polanco en su afán por conjugar las vertientes de su propia palabra poética con esas otras de índole filosófica, sino también cuando a través de sus páginas se siente recorrer un aire en el que respiran con soltura a la vez dos perspectivas de inflexión del pensar.

Poesía y filosofía tienen en otras latitudes una larga historia de acuerdos y discordias, de reflejos recíprocos de la experiencia humana resonando a través de la palabra. Esa historia es demasiado breve en nuestro medio, cualesquiera sean las razones que puedan darse para esa brevedad. Parece inevitable dar voz al deseo de que tal historia pueda ensancharse con otros tramos de palabras articuladas desde y con esos dos registros. Sin duda no cabe erigir ni suponer que el estilo alcanzado por Polanco para llevar a cabo lo que ha hecho, haya de ser la única vía para cumplir esa tarea. Sí en cambio nos parece que puede llegar a convertirse en una referencia a tener presente, a la hora de ampliar según otros modos los discursos de esos dos registros significativos de la palabra. Pues si es el uso de la palabra lo que distingue al ser humano de los otros seres vivos, y la trivialización de ella es lo que la sofoca, asfixiando la propia condición humana, puede ser algo más que relevante prestar oído a esas palabras enunciadas por Polanco ya hacia el final de su libro: “tanto la filosofía como la poesía no pueden guardar silencio pleno; es más, escriben para trizarlo. Necesitan de las palabras para indicar hacia aquello que no pueden determinar a cabalidad. Lo que la palabra no puede contener requiere de ella para hacerse notar”.



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