jueves, 2 de agosto de 2012

Carta a la amiga: Sobre Enrique Lihn y la relación poesía-muerte [por Tamara Kamenszain]


Carta a la amiga

Sobre Enrique Lihn y la relación poesía-muerte a partir de una carta que llegó a destino 24 años después de haber sido escrita.

POR Tamara Kamenszain


Hace unos días recibí un mail con el remitente “andrealihn” que no figuraba en mi lista de contactos. Me sorprendió que se pudiera aislar, en esas señas de identidad condensada, el apellido Lihn. Es que un rato antes había anunciado en clase que trabajaríamos “Diario de muerte” de Enrique Lihn, libro que el gran poeta chileno escribió en su cama de hospital donde lo venció el cáncer en 1988. La idea era centrarnos en la relación poesía-muerte (que también se podría escribir –como los nombres de usuario– todo junto, ya que la poesía, por ser un género del presente, intima con la muerte). Mi corresponsal decía ser hija de Enrique Lihn y estar dedicada a ordenar su archivo personal donde “me encontré con una carta enviada por mi padre a usted. No tuvo el tiempo de enviársela ya que se enfermó gravemente en esa época”. Decir que el mail me sorprendió es una obviedad. Diría, mejor, que puso toda mi vida de cabeza en la espiral del tiempo. Mi relación con Lihn se remonta a aquellos años en que, siendo yo una joven que lo admiraba, me animé a escribir sobre su obra.
Andrea me envió la carta escaneada. Me detengo en un párrafo que habla de los que visitaban al poeta en el hospital: “Correlato subjetivo de esta situación: no pésima, escribo y leo mucho, no hay depre propiamente dicha (...) y buena relación no monotemática con los amigos –amigas en un 90%– que cuidan –ellas– de mí”. En éste, como en otros párrafos de la carta, puedo leer entre líneas la cocina del libro que él estaba escribiendo en paralelo. En “Diario de muerte” alude a esas “mis amigas”. “Son las que tienen derecho a llave en esta casa en la que me siento unido por ellas”. Se trata, según el poema, de la casa que el enfermo debe abandonar pero a la que “el orden ha seducido” gracias a las amigas. En otro poema Lihn dice que “nadie escribe desde el más allá/ las memorias de ultratumba son apócrifas” y, sin embargo, una carta parece haber llegado a destino 24 años después para demostrar lo contrario. Me digo entonces que tengo que seguir escribiendo sobre su poesía porque esto recién empieza.

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