lunes, 1 de junio de 2009

En busca del abrazo radiante


El Patíbulo

En busca del abrazo radiante

Por Daniel Pizarro Herrmann

Enrique Lihn (1929-1988), el narrador, se emparienta con aquellos autores que traspasan los márgenes del realismo sin que esta opción los encasille en un género determinado como, por ejemplo, la literatura fantástica o la ciencia ficción. En la escuálida vertiente nacional de esa tradición, hallamos a Juan Emar y acaso a unos pocos escritores más, mientras que allende las fronteras (no muy lejos en todo caso) resuenan los nombres de Cortázar -el más cercano a Lihn-, Borges, Macedonio Fernández, cierto Piglia, Felisberto Hernández y otros que con resultados diversos han explorado las posibilidades de la literatura con un afán más expresivo que meramente experimental.

Los cuentos de Huacho y Pochocha estaban publicados en un par de libros de Lihn y en antologías difíciles de encontrar, por lo que la aparición de este volumen es una oportunidad de redescubrir al autor de La pieza oscura en su veta de narrador. Las historias de estos relatos suelen ser difusas. Van como a la caza de sí mismas, haciéndose y rehaciéndose entre devaneos del narrador y destellos de gran lucidez. La imposibilidad de acomodarse a exigencias sociales absurdas, violentas o asfixiantes convierte a los personajes en retazos de individuos, seres fuera de foco amenazados por sí mismos o por el mundo, apartados de éste voluntaria o involuntariamente, situados en un lugar desde el cual los asuntos más cotidianos y triviales provocan extrañeza y, por lo mismo, reclaman la atención del narrador: “No se termina nunca de lavarse las manos cuando se es padre de familia”.

Los textos de Huacho y Pochocha son escritos de espaldas a los cánones de la ficción breve, que hacen literatura de su propio andamiaje narrativo, ensayísticos, paródicos, algunos demasiado largos. Huacho y Pochocha, Agua de arroz, Cama florida y Entre Caín y Abel deben ser los mejores. “Hay un punto -escribe Lihn- en que el instinto y la razón, el sentimiento y el pensamiento, el sueño y la vigilia se asocian en un abrazo radiante”. Cuando estos cuentos alcanzan ese punto, se logra la alquimia que cautiva al lector. Cuando, por el contrario, es el pensamiento el que domina, cuando la inteligencia quiere lucirse y se muestra muy consciente de sí, todo parece sobreexplicado, falto de espontaneidad y se presenta el aburrimiento. En ese terreno da la batalla Enrique Lihn. A veces gana, a veces pierde, pero de todas maneras vale la pena asistir al combate.

FICHA

Huacho y Pochocha, cuentos.

Editorial Sudamericana, 2005

165 páginas.

Fuente: La Nación



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