lunes, 6 de diciembre de 2010

Encuentro entre escritura y lectura a través de la nostalgia [por Clara Quero Flores]

“Luna y cuervo loco sobre el oleaje”, de  Morris Graves

Todo escritor, primero debería
pagar derecho de autor a la palabra,
luego al aire.
Raúl Zurita.

La reivindicación del lector que propone Roland Barthes en La muerte del autor se sitúa en la aproximación que existe entre los que emprendemos el viaje de la lectura y el otro, ese otro que se hace objeto de nuestro deseo en el acto de la escritura. Pero cómo explicar la mutua dependencia de ambos factores y entender el porqué leer y el porqué escribir.

Los que escogemos el camino de la lectura podríamos encontrar sensaciones en los textos que nos lleven a una nostalgia, y tal vez a una nostalgia desconocida. Digo desconocida, porque mucho de lo que encuentro nostálgico está muy lejos de traerme algún recuerdo pasado, pero sin embargo, pareciera llevarme a escenas que a lo mejor sienta nostalgia de no haber vivido.

El término nostalgia será definido como:

María Moliner, en su diccionario del uso del español, nos señala que la palabra nostalgia es de creación moderna y está compuesta con las raíces del griego nostos, regreso, y algos, dolor. Implica claramente un estado de añoranza, una tristeza por estar ausente de la patria, del hogar, de los seres queridos, etc. Termina, esta filóloga española hace poco desaparecida, diciendo: es la pena por el recuerdo de un ser querido.2

La nostalgia se puede parecer a lo que intenta vivir Pierre Menard en la reescritura del Quijote de Cervantes. Sin duda este autor intenta vivir una situación que no le pertenece y quiere adueñarse de una nostalgia que no es suya. Quiere para él la nostalgia de todas las escenas creadas por el gran autor del Quijote, pero esta nostalgia es tan imposible que Borges crea su propio texto para sentir que tiene alguna posibilidad de acercarse a lo vivido por Cervantes.

La lectura resulta ser verdaderamente una producción: ya no de imágenes interiores, de proyecciones, de fantasmas, sino, literalmente de trabajo: el producto (consumido) se convierte en producción, en promesa, en deseo de producción, y la cadena de deseos comienza a desencadenarse, hasta que cada lectura vale por la escritura que engendra, y así hasta el infinito.2

En torno a este mismo tema podemos acercarnos a la forma en que Gabriela Mistral realiza una breve introducción a su poema Beber en el texto Sobre cuatro sorbos de agua. La poeta explica el mundo en torno a los gestos, hechos y formas que lo construyen, pero toda esta construcción sólo se justificaría en la producción de imágenes que son llevadas a cabo para rescatar cada uno de estos elementos y que se resumen en el acto de la escritura.

Es de esta forma como cada uno de ellos se vuelve un recuerdo, una añoranza, una nostalgia. Por esto el lector se ve mezclado con lo escrito, debido a que él mismo, según lo que nos explica Mistral, está construido por estas imágenes que el poeta lírico se preocupa de defender.

En este momento notamos que la poeta se sitúa como sujeto, no como una persona en la obra, ya que según Barthes el lenguaje utilizado por Mistral en la creación de las imágenes es universal, se aleja de la individualidad de persona y se acerca a la multiplicidad de sujeto, el lenguaje conoce por lo tanto sujetos y no personas.

Así mismo, el propio recuerdo que ella hace de sus lecturas nos envuelven en la sensación de la salvación de estas imágenes:

Leyendo antologías universales suelo seguir las diferentes mañas y magias de esta pelea de mis hermanos contra la disolución, la suya y la universal. Y encuentro vivos unos vejestorios de mujeres que andan y hablan: y huelo unos bosques ya arrasados que siguen alentando y hasta bestezuelas que sólo un momento fueron del terco animador.3

Debido a la trascendencia que tienen estas imágenes en la vida del hombre y de la mujer Mistral decide plasmar gestos, hechos y formas en su poema Beber para poder perpetuar el recuerdo. La nostalgia es vista a través del acto de tomar agua, la sensación se perpetua, el hablante lírico errante recuerda en cada acto de beber imágenes ya vividas.

Primero nos encontramos con el agua del origen situada en el Aconcagua, donde el acto sagrado de beber la hiere, la marca y desde ese momento se hace inolvidable. Desde aquí las siguientes formas de beber le permitirán reconocerse, inclusive en otras patrias. Nos encontramos con la imagen del padre vista a través de un indio de Mitla, quien cuida el acto de beber, la protección trae consigo la nostalgia del padre muerto.

Al poder reconocerse en otras patrias comienzan a aparecer las otras nostalgias, las más cotidianas. Hablo de la infancia que significa el momento ingenuo y quizás el recuerdo del primer beber que se establece en el seno materno:

Rompió una niña por donaire
Junto a mi boca un coco de agua
Agua de madre, agua de palma
Y más dulzura no he bebido
Con el cuerpo ni con el alma.4

Terminan estos versos llevándonos a la nostalgia primera, la imagen de la madre. Ella resume los recuerdos, el tiempo se eterniza y trae consigo la infancia, la sensación de la inocencia y felicidad. Toda la nostalgia está en el espejo de agua.

Escribir me suele alegrar; siempre me suaviza el ánimo y me regala un día ingenuo, tierno, infantil.5

Sin duda no podemos evitar sentirnos parte de esta nostalgia, las imágenes que vemos en este poema son cercanas, la madre, el padre, la infancia y el origen vistos a través de lo indispensable el acto de beber. Las imágenes se universalizan, no hablamos de una madre o de un padre en específico, ni tampoco de una infancia que le pertenezca sólo a algunos, nos referimos a la amplitud del concepto en el lenguaje.

Siguiendo el viaje de la nostalgia que circula por la escritura y la lectura, es inevitable pensar que las imágenes creadas también nos permiten acercarnos a lo mejor a eso que no hemos vivido o reflexionar en torno a aquello que ya pasó. Al igual que Gabriela Mistral, Enrique Lihn le entrega bastante importancia a la infancia. Según el poeta, ella crea y guarda los primeros actos del lenguaje, las primeras imágenes y por qué no decir, las primeras imaginaciones. Por lo tanto, la escritura debe plasmar esta infancia, perpetuarla, no significa “escribir versos de niño” como diría Lihn, sino más bien, plasmar las situaciones límites, la ansiedad y la insatisfacción que vivimos sólo en el lenguaje de la infancia.

En prólogo a Álbum de toda especie de poemas, Enrique Lihn hace un recorrido por los recuerdos, nos entrega un paralelo entre la producción de algunas de sus obras que aluden a escenas de su pasado. De esta forma, vemos cómo la escritura intenta detener algunas emociones, lo que él quiere recordar, también lo que quiere olvidar y sin dejar de lado lo que hubiese querido cambiar.

Es importante destacar que para Lihn la poesía es un trabajo que lo hace prisionero, según él la lengua poética es una libertad encadenada, encadenada pareciera ser al recuerdo o los recuerdos que le permiten estructurar su escritura:

me sumé a los que naufragaban en los últimos bancos, frente a un futuro opaco que oscilaba/ entre el inconformismo y la pereza, / escépticos a una edad en que los otros empezaban a dar muestras / de un cinismo provisor...6

La nostalgia de Lihn se ve también en la aceptación que éste hace del fracaso que acompaña los trayectos de su intento poético a temprana edad. La posibilidad de ser pintor niega una buena escritura, escribí versos pésimos por los que fui rechazado. Luego, años más tarde, el fracaso en la pintura permite la escritura de sus mejores poemas. Es de esta forma como el autor puede, a partir de sus fracasos como pintor y de la nostalgia que esto le provocará frente a la pintura de otros, formar en Poesía de paso un imaginario donde las ciudades son pinturas y las pinturas son ciudades. Es aquí entonces donde vemos que también existe una nostalgia por lo que al poeta le habría gustado vivir. Luego viene a la memoria creativa la falta de viajes, tema que también marca una nostalgia en el ansia: Sólo a los treinta y cinco salí por primera vez de Chile. Esta expresión deja de manifiesto la importancia del querer estar fuera, de viajes inexistentes y al mismo tiempo aparecen los fantasmas de todo aquello que él recuerda. Desde aquí surge el lenguaje, pues él también es un fantasma y lo que logra el poema es una materialización de todos estos fantasmas.

Lihn expresa su nostalgia en el prólogo en Álbum de toda especie de poemas, la nostalgia de lo vivido, también el fracaso que significa la nostalgia de lo que hubiese querido vivir. En fin, pretende acercarnos un poco a escenas de la memoria que se vuelven fantasmas y que se transforman en las imágenes que el poeta lírico como diría Mistral está encargado de defender.

Situándonos en el hablante lírico de Porque escribí, nos encontramos con una voz que se salva al construir un mundo en y para la poesía. Bajo la opción del escribir se ajusticia su trayecto, la felicidad negada se equilibra con la virtud de la escritura, la inutilidad en el vivir social que el hablante tiene se contrarresta con la bella imagen de la especie de locura con que vuela un anciano / detrás de las palomas imitándolas a las que él se asemeja.

Porque escribí representa un pasar por todo lo hecho, todo lo evitado que se estructura a través de imágenes certeras: el lector, el cristo, las flores, el niño, el anciano, la muerte, cómo evitar que todas ellas nos traigan una propia nostalgia, si hasta nosotros mismos estamos presentes (el lector) en esta voz ficticia que salva nuestros más propios recuerdos en estas imágenes. Porque nuevamente la palabra se intensifica en su poder, no busca representar lo vivido por tal o cual persona, sino más bien busca y crea un imaginario desde la multiplicidad.

El escribir es la nostalgia de recordar lo negado, las posibilidades de las que el hablante recuerda haberse alejado gracias a la escritura

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.7

Es así como vemos que a través del acto de la escritura el hablante lírico se permite hacer un recuerdo de todo lo vivido, logra construir a través de la creación de un mundo que le pertenece, una justificación de las opciones tomadas. Cada obra realizada conlleva una nostalgia que le permite mirar el recorrido hecho sin arrepentimientos, el mundo está completo por él y desde él, por lo tanto vida y muerte también le pertenecen gracias a la escritura.

Siguiendo por el camino de la nostalgia me detendré ahora en el poema El cuervo de Edgar Allan Poe. Dicho texto nos sitúa en un hablante que es destinado al estado de la nostalgia, la soledad en la que encontramos al hablante lírico está determinada por la muerte de Leonor, quien representa la mujer amada. Bien podríamos decir que ella significó en algún momento la proyección de felicidad del hablante, pero su ausencia ha vuelto todo lúgubre.

La nostalgia que se vive frente a la ausencia de esta mujer ha vuelto la vida en un mirar hacia lo que ya no está, el recuerdo de lo ido. Es donde vemos la importancia de la aparición del cuervo. Él existe para perpetuar en su “Nunca más” la imposibilidad de recuperar lo vivido. Es en esta frase donde se resume la proyección futura de la imagen del hablante lírico, este sujeto se ve sometido a la condena del recuerdo.

El cuervo decide marcar el imaginario en un estado de desolación de afectos, el alma del hablante lírico está condenada al padecimiento, al dolor de la imposibilidad del olvido. La ausencia de Leonor, la nostalgia de la perfección de la amada, está eternizada en la única presencia que circula en el espacio poético: la imagen del cuervo.

Y está el cuervo, siempre inmóvil aun posado.
Aun posado sobre el busto de Palas, que está arriba de mi puerta,
Y sus ojos son los ojos de un demonio cuando sueña,
Y la lámpara lo baña, y en el suelo va su sombra a proyectar;
Y mi alma, de la sombra que en el suelo ve flotando,
¿Será libre? —¡Nunca más!8

De la misma manera el autor del poema se vuelve a la nostalgia de su escritura en Proceso de la creación artística, encontramos en este texto un retorno al poema, el poeta siente añoranza por el proceso de la creación, lo que se ve reflejado en la detención que éste hace frente a la obra. Vuelve a leer su poema y trata de crearlo nuevamente, intenta vivir las escenas creadas, las explica una a una.

La importancia del Nunca más quizás recae ahora sobre él mismo. La plenitud de la obra no volverá a pertenecerle. Ya existió su momento de creación, El cuervo está completo y existe ahora como una imagen en la nostalgia. Poe intenta revivir, en su explicación del cuervo y su Nunca más, la perfección que sólo existe en el recuerdo de quien ha logrado salvar la imagen. El cuervo se ha independizado de cualquier circunstancia que Poe quiera integrar, la palabra minimiza al autor.

El protagonismo de la palabra en cada uno de los textos revisados nos ha permitido comprender que es ella la que permite la creación de las imágenes en la poesía, la nostalgia que he considerado hasta aquí como hilo conductor de mi ensayo se me ha permitido sólo gracias a la palabra, que es la que me permite unir mi lectura y las escrituras ya vistas. Pero sucede que ahora frente al narrador de El pesa-nervios esta palabra entra en conflicto, la voz profética que nos habla en este texto desde un estado de sensibilidad máxima se ve limitada bajo la incongruencia entre pensamiento y palabra.

El intento de creación se proyecta desde el estado de la nada, el narrador es un completo abismo y desde aquí pretende entregarnos su más sincera confesión, pero el intento es fallido ya que existe una impotencia de cristalizar la idea, toda su obra nos dice es sólo un desperdicio de sí mismo en el intento de encontrar la palabra.

Me encuentro de vuelta en M..., donde he encontrado de nuevo la sensación de aturdimiento y vértigo, esa brusca y loca necesidad de sueño, esa pérdida súbita de mis fuerzas con un sentimiento de dolor, de embrutecimiento instantáneo.9

El narrador vuelve a la realidad y vuelve al recuerdo de las sensaciones que le han provocado las faltas de palabra, se ve a sí mismo como un imbécil condenado a la supresión de pensamiento por las faltas en la lengua. Los términos utilizados en la lengua son para él verdaderos términos en su pensamiento, es decir terminan con su pensamiento, está determinado, localizado por la palabra.

Pero cómo podría este narrador ver solucionado su conflicto. Él mismo nos responde:

Muchas veces no me haría falta más que una palabra, una simple palabrita sin importancia, para ser grande, para hablar con el tono de los profetas, una palabra-testigo, una palabra precisa, una palabra sutil, una palabra bien hacedera en mi médula, surgida de mí, plantada en el extremo último de mi ser...10

Pero es la inexistencia de esta palabra la que impide el pensamiento en su máxima expresión, lo obliga a intentar un volverse a hacer. Pero él sabe que es el único testigo de sí mismo, el único que conoce su pensamiento, tratar de nombrar lo innombrable.

Por esto considera a toda escritura como una porquería ya que ella pretende encontrar en las palabras un sentido absoluto, una perfección de formas que el narrador niega.

¿Dónde sitúa entonces El pesa-nervios la validación de su intento por crear a través de la sensibilidad un pensamiento inteligente a través de la palabra inexistente? Es en este momento entonces donde vuelve a situarse la nostalgia, porque el narrador frente a la incomprensión a la que se ve expuesto, sólo tiene como última salvación el recuerdo que se hará en años posteriores de su propuesta. Habrá entonces en el autor una nostalgia por el futuro, por el momento en que será comprendido y valorado. Su alma será interpretada al igual que un gran profeta, se validará todo lo innombrable.

Entonces comprenderán por qué mi espíritu no está aquí, verán todas las lenguas agotarse, todos los espíritus desecarse, todas las lenguas endurecerse, las figuras humanas se aplastarán, se desinflarán...
entonces todo eso parecerá bien
y yo no tendré necesidad de hablar.11

Desde la imagen del lector que espera el narrador de El pesa-nervios para completar su obra, podríamos reflexionar ahora en torno a lo que Roland Barthes propone en La muerte del autor, ya que, según él nos explica, existe sólo una persona capaz de comprender la duplicidad del texto y al mismo tiempo recoger la multiplicidad de él. El lector es ahora el protagonista, aquel sujeto que representa el destino de la obra, el autor pierde su reinado y es destronado por el nacimiento del lector.

Todos los textos vistos en este ensayo se han construido gracias al lenguaje, es decir, es él quien nos ha hablado, por lo tanto el autor ha sido desplazado por la palabra, ella nos ha entregado las imágenes, ella me ha llevado a pensar en la nostalgia desde un sujeto que ha sobrepasado a la persona Mistral, Lihn, Poe y Artaud.

Absorbidos todos en la magnitud del lenguaje, nos permitimos interpretar en nuestra situación de lectores, así como los mismos autores se convierten en lectores al hablar de sus textos. La creación de la independencia de lo escrito frente al que escribe se justifica sólo en el lenguaje, es este nuestro parentesco (escritores/lectores), todo descansa aquí y nos permite la nostalgia hasta desde lo desconocido.

Si sólo analizáramos los textos desde la perspectiva que nos han entregado los autores estaríamos minimizando las posibilidades interpretativas, le estaríamos dando una muerte prematura al texto, pero los signos y los símbolos que esperan impacientes en cada obra prohíben esa muerte.

De esta manera se desvela el sentido total de la escritura: un texto está formado por escrituras múltiples, procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, un cuestionamiento; pero existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector ...el lector es un hombre sin historia, sin biografía, sin psicología; él es tan sólo ese alguien que mantiene reunidas en un mismo campo todas las huellas que constituyen el escrito.12

Notas

  1. Probst, Enrique. “Nostalgia y depresión”. En Internet en: http://www.chasque.apc.org/frontpage/relacion/0007/depresion.htm.
  2. Barthes, Roland. “Sobre la lectura” en El susurro del lenguaje. Paidós. Buenos Aires, 1994. p. 47.
  3. Mistral, Gabriela. “Sobre cuatro sorbos de agua”, en Antología mayor. Prosa, p. 588.
  4. Ibíd. pp. 391-392.
  5. Ibíd. p. 553.
  6. Lihn, Enrique. Álbum de toda especie de poemas, Editorial Lumen, Barcelona 1988, p. 13.
  7. Ibíd. pp. 61-62.
  8. Poe, Edgar Allan. “El cuervo” en Texto del estudiante; lengua castellana y comunicación, Editorial Mare Nostrum, 1998. p. 253.
  9. Artaud, Antonin, El pesa-nervios, Visor, Barcelona 1972. p. 60.
  10. Ibíd. p. 54.
  11. Ibíd. p. 69.
  12. Barthes Roland, “La muerte del autor”, sin referencia.

Bibliografía

  • Mistral, Gabriela. “Sobre cuatro sorbos de agua”, en Antología mayor.
    —. “Beber” en Tala, en Antología mayor.
    —. “Como escribo” en Antología mayor.
  • Lihn, Enrique. “Porque escribí”, en Álbum de toda especie de poemas, Ed. Lumen, Barcelona, 1988.
  • Artaud, Antonin. El pesa-nervios. Visor, Barcelona, 1972.
  • Barthes, Roland. “Sobre la lectura”, en El susurro del lenguaje. Paidós, Buenos Aires, 1994.
    —. “La muerte del autor”, sin referencia.
  • Probst, Enrique. “Nostalgia y depresión”. En Internet en: http://www.chasque.apc.org/frontpage/relacion/0007/depresion.htm.




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