martes, 1 de enero de 2013

BELTOLD BRECHT [por Enrique Lihn - Revista Cormorán, año I, n°5, 1970]




Enrique Lihn 

[Revista Cormorán, año I, n°5, 1970]

La poesía de Beltold Brecht pudo no haber sido bien comprendida en su tiempo, en la órbita de los autores de habla española, puesto que ella se contrapone, en sus aspectos decisivos, a la que practicaron en España y en Latinoamérica, los contemporáneos del gran escritor alemán. La excepción no se remitiría, en nuestro continente a otra lengua: la portuguesa, y a un fenómeno no bien evaluado entre nosotros: el modernismo brasileño, el cual se nos adelantó en el camino de "ese originario gesto de comunicación de un pensamiento o de una sensación provechosa incluso para los extraños", propia de la poesía documental por la que abogaba Brecht ya en 1927. Mientras el poeta bárbaro satirizaba a los líricos y se convertía, por obra de sus preocupaciones ideológicas, en uno de los pocos escritores marxistas indeseables para el realismo socialista, la vanguardia poética hispanoamericana tomaba el camino de la poesía social y política, pero a través, en general, de un exaltado lirismo neorromántico o de tendencia surrealista, articulado de alguna manera, con nuestro irreductible romanticismo literario que sólo ahora acaso empieza realmente a extenuarse. Vicente Huidobro (1893-1948) era cinco años mayor que Brecht y, de César Vallejos seis; de Jorge Luis Borges, un año menor, y seis respecto de Pablo Neruda. La Segunda Guerra Mundial y, en especial, su corolario nazi-franquista: el triunfo de Franco sobre la República afectó distintamente a los pariguales latinoamericanos del poeta alemán (exiliado por ese entonces en los Estados Unidos) y despertó en algunos de ellos a la vez que cierto genio para hacerse eco de una tragedia histórica, el germen de una vocación híbrida, entre poética y política, caracterizada por la insuficiente distinción entre ambos niveles, una escritura poética en clave partidista y -otra vez el romanticismo- la inflación del yo a la medida del mundo natural, histórico y social, por la que se pretendía abarcar "la totalidad de los objetos" bajo el signo congruente de una épica en primera persona. En esta perspectiva, el hablante aparece investido de una misión de conductor del pueblo y éste, en lugar de moverse en el espacio literario como su protagonista, es acosado por una dicción personal, por las efusiones líricas o didácticas de un narrador omnipresente.
       Pero aquí no se trata de establecer una jerarquía. De valores entre productos tan disímiles; lo que importa es señalar la correspondencia existente entre la Nueva Objetividad, el distanciamiento, el espíritu de contradicción y "el pathos de la dialéctica brechtiana" con mucho de lo que se informa la actitud de la nueva poesía latinoamericana referida como la de Brecht a situaciones concretas, experimental y tragicómica, e igualmente antirromántica y antirretórica, opuestas al titanismo vanguardismo y el hermetismo simbolista.


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